Nuestro
país debe ir planificando cómo se prepara una estrategia para una
pandemia como la que estamos inmersos. Se debe construir una estrategia
de mediano y largo plazo que permita mantener el control de las tasas de
contagio en niveles dentro de las capacidades de respuesta del sistema
sanitario. Hemos aprendido harto, pero hay que ir planificando porque se
debe minimizar el impacto de las medidas sobre el bienestar de las
personas. Hay expertos que señalan que una estrategia de este
tipo se puede basar en dos pilares. Primero, un plan que permita volver
a la normalidad luego de períodos de cuarentena, reduciendo una segunda
ola de contagios. Segundo, proveer condiciones de sustentabilidad
durante el período de cuarentena y los meses que sigan, que consideren
la mantención de la salud física y síquica de la población, entendiendo
las muy diversas condiciones de enclaustramiento y posibilidades de
sobrellevarlo. En ambas vamos a experimentar ahora en Punta Arenas,
mientras más de 5 millones de personas permanecen confinadas. Las
medidas anunciadas recientemente por la autoridad, que proveen ingresos
significativos para todos los hogares y promueven créditos de mediano
plazo a las PYMES a través de un programa
de garantías, constituyen un avance importante para implementar el
segundo pilar. En Magallanes vamos a sufrir mucho una pronta recesión. Y
debemos estar preparados. La extensión de estos programas y el
despliegue de medidas adicionales, deberán adaptarse a la aún incierta
duración de la crisis. Respecto del primer pilar, en el que hoy estamos
inmersos en Punta Arenas, un modelo a seguir, inspirado en la
experiencia de Alemania, Corea del Sur, Singapur, Israel y otros países,
se
basa en un muestreo masivo para detectar a las personas contagiadas e
identificar y muestrear a sus contactos, sumado a cuarentenas para todos
los contagiados.