La estrella de Belén

Mucho se ha escrito sobre aquella
luz que sirvió de guía para que los reyes magos llegaran al lugar exacto donde
había nacido Jesús, el tan anunciado mesías.

La Biblia, específicamente en
el libro de Mateo, Capítulo dos, Versículo uno, explica la llegada de los magos
de oriente al modesto pesebre donde se produjo el alumbramiento, luego de
seguir una potente estrella en el cielo. ¿Coincidencia?, ¿parte del mito?,
quizás nunca lo sabremos.

Ahora bien, el afamado
periodista y escritor español Juan José Benítez, en el año 1983, publicó un
libro titulado: “El OVNI de Belén
(Ed. Plaza & Janés,), donde subraya su propia obsesión por el tema
ufológico y la posible relación que esta historia tendría con los ovnis en la
antigüedad, ya que es uno de los relatos más populares y que precisamente está
inscrito en un texto sagrado, como lo es la Biblia.

La navidad para los cristianos,
es en realidad la celebración del nacimiento del hijo de dios en la tierra y
que se cristaliza la noche del 24 y madrugada del 25 de diciembre a partir de
lo que conocemos como el año cero, según el anuario que se promovió en Europa
desde 1582 y que se masificó en occidente luego de ser promulgado por el Papa
Gregorio XIII, siendo conocido popularmente como el Calendario Gregoriano.

Sin embargo y muy sinceramente,
la celebración de noche buena es una actividad que se realiza de manera
transversal, ajeno a las creencias, dogmas, fe o simples pensamientos que cada
individuo posea. No nos engañemos, ya que no tan solo los niños disfrutan
abriendo los regalos. A pesar que este no es el verdadero sentido de la
festividad, el consumismo que es otra tendencia moderna de la cual no nos
podemos mantener ajenos, ha trasmutado en cierto modo la impronta de esta
sustancial fecha, por lo que es indispensable mantener siempre la mesura y el
sano juicio.

Lógicamente, el sentido de
unidad y de cierta paz es lo que caracteriza a una celebración que se traduce
en la reunión de la familia en torno a una cena, donde ojalá la armonía sea la
que se apodere del ambiente.

En su efecto, la llamada
secularidad, o en otras palabras el alejamiento de las bases de la fe y en
especial de la cristiana, ha permitido que la orientación absoluta de la
navidad se modifique en cuanto a su forma, pero en especial a su fondo y es acá
donde entra de plano la mirada ufológica del asunto, ya que desde un escrito
bíblico, algunos investigadores apuntan que la famosa estrella de Belén, puede
haber sido un aparato volador con inteligencia, es decir, una de nave de
procedencia extraterrestre.

Por ello, en el libro de J.J.
Benítez se hacen comparaciones con otros relatos bíblicos, tal como sucede con
el Libro de Ezequel, uno de los favoritos del escritor, negándose a reducir
esta historia a una simple leyenda o al simbolismo que conlleva producto de las
creencias.

Basados en la mirada crítica de
este y otros episodios dentro de nuestras tradiciones, no podemos obviar que la
Biblia es un texto que ha sido sometido a múltiples traducciones, las que
lógicamente plasman la interpretación de quienes hacen ese dilatado trabajo y
que se desarrolló en antiguos monasterios en la época antigua y edad
media.  

Si hoy en el año 2019, tenemos
un Santa Claus instaurado por la marca de bebidas Coca Cola en 1931, y que fue
la derivación de un personaje basado en la figura del obispo cristiano Nicolás
(San Nicolás de Bari 270-352), el cual vivió en Anatolia (actual Turquía),
obviamente en casi dos mil años es muy probable que lo relatado por el
evangelista Mateo, en relación al nacimiento de Jesús, también sea una
narración que haya sufrido el condimento humano de quienes exactamente se
encargaron de traducirlo y difundirlo por todo el mundo. Por ello, es muy poco
probable que la famosa estrella de Belén haya sido una nave extraterrestre o
quizás una señal de la divinidad para guiar a los personajes llamados Reyes
Magos, que, dicho sea de paso, ni siquiera se ha comprobado que existieron.

Lo importante, es que al menos
casi por una tradición impuesta en nuestra sociedad actual, los días 24 de
diciembre en la noche nuestros hijos disfrutan de algunos regalos, la familia
se reúne en torno a una rica comida y en general, estemos trabajando o
celebrando, independiente a nuestras creencias o ideologías, tenemos un
instante para reflexionar qué tan humanos somos y cómo ha sido nuestro
desenvolvimiento con nuestros semejantes. Para eso, no necesitamos que una nave
extraterrestre nos guie hacia el nacimiento de una nueva esperanza o de la
llamada luz de la existencia. Pienso que todavía estamos a tiempo de reaccionar
por nuestros propios medios y que aún hay vida inteligente en este planeta.

    

 

  

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