La evaluación

Uno
de los aspectos más desagradables o más temidos dentro del proceso
enseñanza-aprendizaje es la evaluación. La cual es vista a veces como
un castigo o como un obstáculo para lograr metas como, por ejemplo:
pasar de curso. Esto ocurre porque muchas veces no se entiende cuál es
el objetivo de la evaluación. La siguiente afirmación del físico y
matemático Lord Kelvin refleja con toda claridad el verdadero espíritu
de la evaluación: ¨Solo aquello que se mide mejora¨. Es decir, el
sentido original de la evaluación es corregir o mejorar.

Para
entender la evaluación, la siguiente pregunta puede ser de gran
utilidad: ¿Cómo el profesor se puede dar cuenta de que un alumno
aprendió o logro el objetivo educacional esperado? La forma de verificar
esto es viendo si se produjo un cambio. Puesto que si no hay cambio, no
ha existido aprendizaje. Por ejemplo: una determinada persona ingresa
sin saber manejar a una escuela de conductores. Pues bien, luego de
haber asistido a clases deberia ser capaz de mover un vehiculo. Es
decir, debe existir una variación en su comportamiento.

La
verificación o comprobación del cambio no solo le sirve al alumno. Le
ayuda igualmente al profesor, porque a ambos les permite tomar
decisiones frente al proceso de enseñanza-aprendizaje. Como cambiar
metodologías o adoptar otras medidas para garantizar que se alcancen
los objetivos educativos definidos para un nivel educacional. Por lo
tanto, es una herramienta de gran utilidad para tomar decisiones
pedagógicas, con el fin mejorar el aprendizaje de los estudiantes.

En
toda evaluación siempre deben llevarse, a cabo a lo menos: una
evaluación diagnóstica (antes) y una final (después), solo así se podrá
confirmar el cambio.

También
existe la evaluación de proceso o formativa y es la que se realiza
mientras el alumno está aprendiendo. Esta puede llevarse a cabo muchas
veces durante una misma clase haciéndoles preguntas a los alumnos como
las siguientes: ¨señale dos aspectos que aprendió de este tema¨,
¨mencione algún aspecto que quieres empezar a hacer con lo que ha
aprendido¨.

La
evaluación, independiente de donde se aplique (en la educación, en la
empresa, en el campo clínico, etc.), en esencia siempre es igual. Por
lo tanto, este ejemplo de la vida cotidiana puede dar mucha luz al
respecto.

En la evaluación hay que contar con los siguientes elementos:

1) Tener un objetivo claro, como, por ejemplo: bajar 2 kilos de peso en 3 meses.

2) Tener una herramienta o un instrumento. En este caso se requiere una balanza (en educación es una prueba o un test)

3)
Tener indicadores. Es decir, aquello que permite establecer un punto
de comparación para verificar si hubo algún cambio o mejora. En este
ejemplo seria el peso.


Por otro lado, la evaluación inicial correspondería al peso que tiene
la persona al iniciar el tratamiento o dieta. La evaluación de proceso
correspondería al peso que obtendría la persona semanalmente y la
evaluación final sería: el peso que la persona obtiene al finalizar la
dieta.

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