Los
chilenos somos tratados como ratones de laboratorio, ocultándose a las
mayorías información completa y fidedigna sobre lo que está aconteciendo
en el país y en el mundo en una dinámica de interacción permanente. Por
el contrario, se trata por todos los sectores de mantener una
apariencia de sensaciones similares a los tiempos del siglo XX. Por
ejemplo ¿alguien ha explicado a los chilenos en que consiste la agenda
2030 de la ONU y como nos afecta ya y nos afectara en el futuro, y el
trasfondo ideológico de la misma? Dificulto haya tema más ignorado por
el ciudadano medio y por lo mismo, la capacidad de entender lo que
ocurre en el día a día es casi imposible, solo existen las sensaciones
inequívocas que todo marcha muy mal en el país.
Concluido
el show mediático de los “50 años”, cuando el deterioro económico ya es
imposible de ocultar-estas fiestas bajo notoriamente el consumo-,
comienza a decantarse el tema de la “nueva constitución” que se
plebiscitara en Diciembre, esa constitución “habilitante” como la
calificó el fallecido Teillier, es decir, un texto que permitirá seguir
avanzando en la construcción del “globalismo”, el nuevo termino
universal para “socialismo” en el siglo XXI, cuya biblia es esa agenda
2030 en el camino a un gobierno mundial. Y los resultados en la llamada
“Convención constitucional” comienzan a mostrar esa ideología globalista
que desde hace años demuele nuestra nación, en forma lenta pero segura,
y cada vez más rápido ya, ante la pasividad y complicidad de una
supuesta “elite”, esencialmente la “derecha”, que ha sido
mayoritariamente cooptada por ese globalismo.
Así
el rechazo de establecer o mejor dicho mantener, el concepto esencial
que “todo hombre (y mujer, obvio) es persona”, importa retroceder al
siglo IV de nuestra era en filosofía y principios, y acerca la lacra de
la esclavitud, el transhumanismo, panteísmo y por cierto, el aborto, el
genocidio, la eutanasia y cuantas formas de eliminación humana masiva se
inventen. La dignidad humana desaparece. Y el art.55 del Código Civil.
Asimismo, desparecerá la obligación del Estado de resguardar fronteras y
de poder frenar la inmigración, consagrándose así la invasión movida
por la ONU también en Chile y en otras partes del planeta.
La
Constitución se ha dicho mucho, es la ley fundamental del Estado. Lo
es, pero antes de ello, es el estatuto jurídico básico del
Estado-nación, la forma política que hemos tenido hasta ahora y en el
concepto de la llamada Paz de Westfalia del siglo XVII. La nación,
soberana, se erige como Estado y establece sus formas, autoridades, y
declara y garantiza los derechos individuales como contrapeso al poder
de ese Estado, y todo esto desde mucho antes que ese “volador de luces”
de los llamados “derechos humanos”
creación posterior recién, a la segunda guerra mundial. Esa
constitución, estatuto básico, establece, asimismo, la manera en que el
Derecho Internacional se reconoce y aplica dentro del Estado: si por
recepción del Derecho interno, o por supremacía al Derecho interno. Las
diferencias son insalvables, porque en el segundo caso, el Estado como
unidad autónoma y soberana desaparece y pasa a ser una mera sucursal de
lo que hoy se denomina “multilateralismo”. Y eso es lo que pretende
esencialmente el globalismo que hoy corroe al mundo y que busca la
desaparición del Estado nacional. Por ello, la inmigración abierta es la
manera fáctica de lograr ese objetivo, combinada con el indigenismo,
abierto en el proyecto constituyente del año pasado, velado en la actual
elaboración, apoyado por sectores de la “derecha”, sector político
aparente que está demostrando su alienación globalista completa en Chile
Vamos, y la debilidad y extravío en Republicanos. El resultado es el
mismo, el globalismo se está imponiendo en el texto constitucional, en
buena medida por el silencio cómplice de una derecha reñida con el
patriotismo, vendida a intereses inconfesables o, simplemente, cobarde y
mediocre. Esta escrito, “por sus frutos los conoceréis”, y la mayoría
electoral de esa derecha se está diluyendo en el mar de las traiciones y
extravíos.
Si a esta constitución en construcción habilitante al globalismo, le sumamos la “revolución del crimen organizado” la corrupción
necesaria a lo mismo, la inseguridad creciente, el apoderamiento de la
vida diaria por extranjeros traídos organizadamente, el caos
institucional en un país que ya casi ni funciona, y sumamos la caída
cultural y la decadencia económica de un país que ha fracasado en la
Historia, solo podemos concluir que, acorde a estas declaraciones de la
Convención, retrocederemos a épocas muy oscuras de la humanidad. Espero
despertemos a tiempo.