La historia era la clave

Que la estatua ecuestre del general
Baquedano fue retirada por concesión del gobierno a los deconstructores
del país, otra más, es demasiado evidente por si misma para ameritar
dudas. Un planteamiento esencial de quienes por meses y hasta el inicio
de la crisis sanitaria ocupaban el sector de Plaza Baquedano en la que
denominaban “zona cero”, era el llamado a “descolonizar” el país,
comprendiéndose por tal “colonización” todo el peso cultural de nuestro
acervo como nación, comenzando por la fe religiosa, el “machismo”, el
“neoliberalismo”, la “desigualdad”, la “discriminación”, el “conflicto
mapuche” y otra serie de consignas que unificaban y unifican la
agrupación de minorías que de facto se han ido imponiendo sobre las
mayorías silenciosas de nuestro país, estableciendo sus con
ceptos
y banderas como verdades reveladas que todos los chilenos deben
aceptar, vulnerando derechos, destruyendo el respeto social y el sentido
de convivencia porque, como sea, han sido dichos insurrectos la
expresión local del “nuevo orden” que también e inicialmente se impone
en nuestro país, con la complicidad activa de un gobierno que desde sus
inicios ha evidenciado su connivencia con la revolución que nos azota.


Se ha tratado, como dijo Gramsci, de imponer la “hegemonía cultural”, a
través de la cual la revolución comunista se establecería en occidente
donde el mayor nivel de vida torna difícil la imposición violenta y
directa de regímenes socialistas pese a los intentos.


¿Cómo se logra imponer tal hegemonía? Así como para controlar y desviar
a un solo individuo se requiere meterle conceptos torcidos y
convicciones falsas y disvalores, de tal forma que asuma una identidad
acorde a lo que quien lo manipula pretende, para hacer lo mismo con una
nación como la nuestra eran necesarios básicamente dos elementos:
hacerle perder su identidad nacional y su orgullo como pueblo, eso fue
logrado a través de una invasión disfrazada de inmigración de elementos
humanos reñidos absolutamente con nuestra cultura y valores,
entremezclados con criminales, que han asaltado el erario nacional,
perturbado nuestra convivencia interna con degradados modos de vida
propio de países atrasados y violentos, y que demográficamente
terminaran apoderándose del futuro de nuestra población. Y el segundo
elemento de los insurrectos para tomar la hegemonía cultural era y es,
el control del “relato” histórico. Es esencial en los dogmas marxistas
el que “la Historia comienza con la revolución” (página en blanco, ¿
le
suena?). Desde inicios de los años 90, la izquierda neomarxista se dio
eficazmente a la tarea de controlar la formación de profesores de
Historia, para de esa manera construir a nivel de todo el país una
visión sesgada y divorciada del relato histórico. Se logró producir así
una brecha generacional casi insalvable. Las nuevas generaciones
desconocen la Historia de Chile y Universal, luego aceptan cualquier
disparate que sus manejadores les inculquen. Son en esencia,
profundamente incultos, son los “progres”, una generación perdida por
completo que abrazó los dogmas neomarxistas de la insurrección de
octubre. Su nivel de comprensión de la realidad es casi nulo y, muy
importante, se les encuentra tanto en el lado de la izquierda como de
algunas “derechas” completamente permeadas por el mensaje y consignas
neomarxistas, razón por la cual hoy ese sector político está plagado de
políticos huecos de ideas y valores que sólo responden a ese electorado
del falso “progresismo”.


Ya ha quedado claro que la clave de los logros de la izquierda
insurreccional era la Historia, sí cambian el pasado cambian el presente
y el futuro. Y a esta hegemonía cultural han colaborado espantosamente
los derechistas cobardes, flojos e incultos, solo preocupados de sus
negocios y carentes de cosmovisión mas allá que la del gusano. Largo y
penoso es el camino que nos espera. Baquedano era el símbolo a derribar
junto a la Historia, seguirán la institucionalidad, la economía, el
territorio, la policía, las FFAA. Dejemos de soñar que este desgobierno
haga algo, ni que los uniformados intervengan. Los c
iviles estamos solo

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