La
discusión del quinto retiro terminó por ser una máquina en donde
ingresaron ideas con supuestas posiciones ideológicas y terminaron
siendo expulsadas hacia cualquier lado. Algo los atrae para tener
conductas contrarias a la lógica y convicciones que alguna vez se
profitaron. Si tratáramos de diferenciar una figura de su reflejo en un
espejo, sin que supiéramos a priori cuál es cuál, nos costaría reconocer
la original. ¿Es distinto el raciocinio de un parlamentario o
parlamentaria en campaña de reelección al del congresista en ejercicio?,
¿son distintas las convicciones al ser de oposición que al ser de
gobierno? Todo hace pensar que las motivaciones entre el cuarto y quinto
retiro han cambiado para muchos. El problema es ¿a cuál le creemos?
¿Para quién legislan o gobiernan? Seguramente escucharemos calificativos
hacia los parlamentarios no alineados como traidores, amarillos o
enemigos, criticando su comportamiento díscolo a la posición del
Ejecutivo. Pero se debe analizar en profundidad el cambio de parecer de
muchos parlamentarios o mandatarios del actual Gobierno en relación a
las motivaciones para apoyar o rechazar la iniciativa del quinto retiro.
El escenario económico presenta las mismas incertezas y las necesidades
de la gente siguen siendo semejantes de octubre hasta ahora. ¿El
traidor de antes es leal ahora?, ¿el catastrófico de antes es objetivo
ahora? Con estas vicisitudes debemos observar la discusión y tramitación
del quinto retiro con mirada autocrítica. Cuesta entender el papelón
que ha tenido el Gobierno y en especial el ministro Giorgio Jackson. Ni
los ofertones, ni un proyecto propio de retiro (al más estilo Piñera) lo
alejaron de la crítica, la improvisación y un desacierto político.
Tratando de analizar los hechos, podríamos decir que el rechazo del
quinto retiro puede ser asimilado como un triunfo de la estrategia del
Ejecutivo por frenarlo, al lograr el objetivo inicial del Gobierno de
evitar mayor inflación con un retiro; sin embargo, el rechazo del
proyecto de retiro acotado del Gobierno debe ser observado como una
derrota. La improvisación, la falta de información, el poco trato a las
bancadas oficialistas, llevaron al ministro Jackson a una serie de
acciones que enrarecieron la discusión. En poco tiempo pasamos desde una
postura en contra del retiro a negociaciones con el partido
Republicano, pero descuidando el diálogo y la complicidad con los
parlamentarios de gobierno. Con tal de evitar la disidencia
parlamentaria del PC, al inicio de la tramitación del proyecto de
retiro, el Gobierno terminó improvisando, contradiciéndose,
fracturándose aun más y alejándose de la conducción de la agenda para
solucionar los problemas de la gente. El ministro una vez más se
equivoca al creer que puede uniformar sin convencer, al confundir
obsecuencia con lealtad, al presentar un proyecto que favorece más a la
banca que a las personas. El Gobierno debe decidir si repondrá el
proyecto en el Senado. Hacerlo significaría que tiene la convicción de
las ideas que sustentan el proyecto, caso contrario abre una serie de
escenarios especulativos. Una alternativa a la opción de no insistir
podría ser la falta de interés en concretarlo, y en este caso el
proyecto habría sido solo una excusa para rechazar la iniciativa
parlamentaria. Otra alternativa para no hacerlo está relacionada con la
falta de apoyos en el Senado, lo cual habla de su propio fracaso o de su
inacción (quizás deliberada). Gobernar es difícil. Requiere diálogo,
entendimiento, pero por sobre todo convicciones. Se debe gobernar de
cara a la ciudadanía con claridad y comunicación fluida y honesta,
manteniendo una postura cuando las convicciones nos trazan una ruta,
aunque sea impopular. Es aquí cuando la gente debe tener certezas si le
habla a la realidad o al reflejo en el espejo.