En
más de una ocasión he hablado y explicado en esta tribuna lo que
significa, en el quehacer político, el concepto de “riesgo moral”. Este
riesgo nos dice que el candidato, durante su campaña, hará una serie de
promesas y dirá cuanto quiera con tal de persuadir no sólo a sus
votantes, sino también a independientes e indecisos. En términos
simples, el aspirante a un escaño dirá todo lo que usted, el ciudadano
promedio, quiere escuchar. Lo anterior, por cierto, porque usted a
través del voto, del ejercicio del sufragio, tiene el poder para
instalar a un candidato en el poder. En tanto, el candidato, no tiene
obligación legal alguna (pero si, quizás, moral) de cumplirle. Este
ejercicio se ha interpretado, mañosamente en política, como parte del
“todo vale”. Pero si algo nos dejó el estallido delictual del denominado
“octubrismo” de 2019 es que la relación entre políticos y ciudadanos,
en cuanto confianzas, es tremendamente delicada y hoy las personas, que
se sienten más empoderadas, pasarán las cuentas de rigor a quienes
incumplan sus compromisos de campaña por una razón sencilla: las
expectativas, las necesidades, las urgencias. A dos semanas de haber asumido el gobierno del Presidente
Gabriel Boric lo que podemos observar es que, a pesar de su juventud
(36 años), Boric es un político de tomo y lomo. Una persona que sabe
jugar las reglas del juego político, que conforma buenos equipos, leales
a su figura, que serán capaces de inmolarse en caso que fuera necesario
para salvaguardar la integridad del jefe de Estado. A eso se suman una
serie de habilidades blandas, y emotivas, que no veíamos desde la ex
presidenta Bachelet. Tanto Bachelet como el ex Presidente
Piñera representan las viejas glorias de la política nacional, a saber:
la Concertación – Nueva Mayoría y la Alianza por Chile – Chile Vamos. Y
la gente, legítima e ingenuamente, agotada de las falsas promesas le
dio la oportunidad al joven magallánico para llegar a la primera
magistratura y hacerse cargo de los destinos del país por los próximos
cuatro años. Sin
embargo, en estas dos semanas hemos sido testigos que Boric no sólo
mantiene las prácticas de la denominada vieja política, sino que además
con el pasar de los días van quedando en evidencias las falencias, tanto
de él como su gabinete, para liderar Chile. Ejemplo de esto ha sido la
designación de cargos donde el caso de las embajadas ha sido quizás,
hasta el momento, el más evidente. Y hay otro también, que tiene
relación con la tardanza en el nombramiento de seremis, que sigue
pendiente porque, entre otras razones, al conglomerado oficialista le ha
costado muchísimo dar con personas idóneas que pasen los filtros para
asumir estas posiciones, además por cierto de las negociaciones
partidistas propias de cualquier gobierno. Esto,
lógicamente, tensiona la relación entre el gobierno del magallánico y
las personas, quienes ven día a día como el castillo de naipes de las
expectativas se va desmoronando dando paso la decepción y frustración.
Sin ir más lejos, la negativa de Boric ante un quinto retiro de las AFP
ha decepcionado a muchas personas que no entienden como el actual
presidente, cuando fue diputado por Magallanes, votó siempre ha favor de
estas instancias. La explicación podría estar, en que Boric sabe que va
a necesitar muchos recursos para avanzar en sus propuestas de campaña,
las cuales en su mayoría están siendo ahora dilatadas para el término de
su mandato. Y, que duda cabe, los fondos de pensiones de las chilenas y
chilenos son un bolsón de recursos abundantes que, en caso de
emergencia o crisis, bien pueden ser usados. Algo similar al denominado
“corralito” en Argentina donde en cosa de meses los fondos de pensiones
desaparecieron. Y a nadie le importo. Si
bien han transcurrido sólo dos semanas del nuevo gobierno ya tenemos
algunas luces de lo que será este mandato, por ahora moderado
rememorando a la vieja Concertación, y donde la Nueva Constitución
jugará un rol clave en la estrategia y quehacer político de Boric, al
punto que el actual gabinete será renovado una vez que el texto
constitucional sea aprobado. Recién ahí, en ese momento, empezarán a
gobernar de verdad, sin caretas ni disfraces.
Que Dios nos encuentre confesados.