(La siguiente narrativa nunca ocurrió ni mucho menos tuvo lugar, pero hubiera sido lo aconsejable).
Tras
perder estrepitosamente en la primera vuelta presidencial, y regresar
de su retiro en la localidad de Vichuquén, el ahora excandidato
presidencial de Chile Podemos Más, Sebastián Sichel, conversa
telefónicamente con el presidenciable José Antonio Kast a quien le
plantea 9 puntos que, para Sichel, son importantes. El candidato
presidencial Kast lo escucha atentamente y acuerdan reunirse en el
comando. Sichel llega al lugar, es recibido con gratitud y
reconocimiento por su gesto, y se reúnen por algunos minutos con Kast
para conversar sobre el programa de gobierno, los 9 puntos de interés
para Sichel y avanzar en la confección de un programa de gobierno para
Chile. Al término de la reunión ambos líderes políticos realizan,
conjuntamente, un punto de prensa donde Sichel afirma lo siguiente:
“Para nadie es un misterio que tengo diferencias legítimas con José
Antonio Kast. Que él representa una derecha que yo no represento y de la
cual nunca seré parte. Pero hoy el desafío que nos convoca es mucho
mayor y como líder asumo la responsabilidad de ello. Por esto apoyaré la
candidatura de Kast porque lo que se juega Chile, en la elección
presidencial del domingo 19 de diciembre, es el camino hacia el
comunismo o la libertad”.
Sichel
se retira del comando de José Antonio Kast en medio de aplausos,
vítores y el reconocimiento de todo el oficialismo (incluso de la
oposición) que valora la hidalguía, la valentía, el coraje, la vocación,
la nobleza y el amor Chile del excandidato presidencial quien además
capitaliza su liderazgo como una opción de presente y futuro,
especialmente para el alicaído centro político.
¿El problema? Que nada de lo anterior sucedió, fue sólo ficción.
La
realidad es que Sichel (el nuevo niño taimado e inmaduro de la política
criolla) estableció, como condicionantes para un eventual apoyo a Kast,
nueve “compromisos con la democracia” para expresarle su apoyo al
candidato presidencial que ganó la elección del 21 de noviembre.
Obviamente, en su estilo, Sichel buscó la mayor presencia y exposición
mediática antes siquiera de conversar y plantear estos puntos en
privado. Lógicamente las reacciones al documento no se hicieron esperar,
pero, contra todo pronóstico, fueron más las críticas que respaldos.
Eso sí, las “barras bravas” del excandidato celebraron la publicación
mientras que, en el oficialismo (incluso en la oposición) las reacciones
fueron más bien de “no era la manera”, “traidor”, “narcisista”,
“ególatra”, “inmaduro”, “mal perdedor”, etc, etc, etc. En tanto otros,
que también apoyaron la aventura presidencial de Sichel, vivieron la
decepción de ver como una figura llamada a renovar la política, a
sembrar una ruta hacia la esperanza, terminó siendo más de la misma
vieja política de la cual alguna vez el exministro renegó.
Todo, mientras el comando de Kast realiza los ajustes extremadamente
necesarios para sus aspiraciones de encabezar el país los próximos
cuatro años. Ya dio una buena primera señal al incorporar a la ex
Subsecretaria de Salud Pública, Dra. Paula Daza, pero ciertamente Daza
no puede echarse al hombro (tal y como lo hizo con la estrategia de
contención y mitigación de la pandemia COVID-19) una campaña
presidencial. Lo que más le urge al equipo y entorno de José Antonio
Kast es calle, moderación, objetividad, prudencia y sentido común.
Lo
lamentable de toda esta situación es que Sichel tuvo la gran
oportunidad de mostrar hidalguía. Bien pudo recuperar lo que alguna vez
fue (como líder y persona), pero las malas influencias, las agendas
propias de quienes lo instrumentalizaron para sus fines personales y el
poder terminaron por derrumbar y diluir. Sichel tuvo la gran oportunidad
de establecer sus legítimas diferencias, incluso haber afirmado que,
por consecuencia con sus principios y valores, no sería parte de un
eventual gobierno de Kast. Haber hecho un gesto con altura de miras,
acorde a la coyuntura y con la altura de miras que el desafío venidero
demanda. En resumen, bien pudo haber optado a ser parte de la
construcción de un Chile en Libertad en vez de protagonizar un
espectáculo lamentable y donde, de seguro,
una eventual derrota de Kast en las elecciones presidenciales a manos
Boric lo tendrá, en el arqueo de responsables, a él entre otros.