La estrategia de
desarrollo agropecuario se basa en la suma, un cálculo simple que, al
integrarse en el tejido social, se vuelve complejo. No se trata solo de
números; sino que es una adición integral en la que los esfuerzos
colectivos de los pequeños agricultores multiplican las posibilidades de
éxito. Esta unión tiene el poder de inclinar la balanza y generar
beneficios inesperados para el bien común de la organización y cada uno
de sus integrantes.
Por
eso, la suma fortalece y genera el impulso necesario para transformar
los modelos básicos de comercialización en negocios más rentables, algo
que sería imposible en una lógica de individualismo y mera subsistencia.
Comprender esta idea es sencillo, pero llevarla a la práctica es
desafiante, así lo saben los pequeños agricultores de Magallanes que han
logrado organizarse en cooperativas y asociaciones gremiales. Ejemplos
como la minga, que compartimos recientemente en Tierra del Fuego,
ilustran cómo los agricultores se unen, en este caso preparan compost y
luego lo distribuyen, un conocimiento valioso que debe preservarse.
En
Magallanes, contamos con una agricultura de alta calidad e inocua,
reflejo del apoyo técnico y financiero brindado por INDAP, INIA y todas
las instituciones del Ministerio de Agricultura en las últimas décadas.
Esto se evidencia en convenios y esfuerzos de capacitación que
fortalecen a los pequeños agricultores. La clave es trabajar unidos,
articulando una visión común, con decisiones orientadas a mejorar la
agricultura en su conjunto.
El
contexto actual de globalización y apertura de mercados presenta nuevas
oportunidades, pero también desafíos que requieren una respuesta
asociativa. Hoy se demanda mayor competitividad, eficiencia y altos
estándares de calidad y seguridad. Por ello, es esencial construir
estrategias colectivas, entendiendo el negocio como una unidad
organizada en la que varios avanzan con un mismo propósito.
Solo
unidos, los pequeños productores pueden acceder a mejores mercados y
beneficiarse de ellos. Las ventajas comparativas derivadas de nuestros
recursos naturales deben complementarse con un desempeño colaborativo
superior. Nuevas aproximaciones a la agricultura deben ser promovidas,
fomentando vínculos en todas las etapas de la cadena, desde la
producción hasta el consumo. La base de todo es la suma, la
asociatividad y el cooperativismo, viendo en los demás un aporte para
mejorar nuestras propias capacidades y competitividad. Y así contribuir a la seguridad alimentaria de Magallanes.