Desde el próximo domingo 23 de Febrero se llevará a cabo la
61ª versión del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, verdadero
símbolo cultural chileno que en algún momento de su historia fue el más
esperado de los panoramas veraniegos de índole familiar y comunitaria, pero que
hoy, en un país resquebrajado por una verdadera guerra social, se ha visto
incluso amenazado de no ser llevado a cabo por causa de la revolución en curso
desatada por grupos insurreccionales desde el llamado Octubre Negro en todo
Chile.
A pesar de ello, la alianza organizadora del festival (TVN,
Canal 13 y Fox Networks Group), bajo el amparo de la Municipalidad de Viña del
Mar -que concede dicho derecho de organización-, mantiene en pie la realización
del festival, teniendo como uno de sus hitos la noche del lunes 24 de febrero
en la que pisará el escenario del festival una de las instigadoras de la
revuelta social: Norma Monserrat Bustamante (alias Mon Laferte), consagrándose
en dicho evento la impunidad más descarada como la verdadera protagonista de la
noche.
Son varios los elementos en juego que deben ser considerados
al respecto para hacer notar que la presentación de Bustamante en Viña marca un
condenable antecedente en el desprecio al Estado de derecho y a la dignidad de
los afectados por la violencia revolucionaria. ¿Exagerado? Para nada, veamos.
En primer lugar Bustamante cuenta con una meteórica carrera
en ascenso en cuanto a sus éxitos y reputación artística, lo cual sirve de
excusa para llevarla a un evento musical como plato fuerte; esto suena bastante
válido, sin embargo, sobre esa apreciación meramente mercantil del arte subyace
la omisión de que el arte es también un instrumento político discursivo de
altísimo impacto, lo que contradice completamente la tesis cómoda e histórica
de la centroderecha de que el arte es neutro.
Teniendo en cuenta que el arte puede y suele ser un
dispositivo de militancia política particular podemos entender los tres hechos
más graves que vinculan a Bustamante con la insurrección chilena en curso: 1-
su performance contestataria en los Grammys exhibiendo su pecho con una
consigna contra el Estado de Chile escrita en él, 2- sus declaraciones sobre
que le parecía válida la quema de supermercados y que fue Carabineros de Chile
quien quemó el Metro de Santiago y no las fuerzas revolucionarias (motivo
suficiente para que en un país serio se descartase su invitación al Festival) y
3- La realización de un videoclip en tiempo record en el que por medio de una
puesta audiovisual reinfunde discursividad revolucionaria asociada al
levantamiento social radical.
Pero, más grave aún, fue la participación de Bustamante en
el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan convocado por la
guerrilla mexicana zapatista el pasado diciembre, hecho que llama la atención
por dos cosas, primero, por la demostración de la total y absoluta convicción
personal de Bustamante a favor de un proceso revolucionario que desbanque el
Estado de derecho republicano conocido, acusado de “patriarcal y neoliberal”
por este tipo de fuerzas, y en segundo lugar porque, para variar, este hecho a
nadie le llamó la atención y nadie en la centroderecha puso queja alguna de que
la representante de moda de la música nacional se daba el tiempo de irse a un
retiro con células guerrilleras.
Otro elemento a considerar es que la noche del 24 de febrero
en el Festival de Viña del Mar también se presentará otra militante feminista
después de Bustamante, la cantante Francisca Valenzuela, dándole una temática
feminista a esa jornada. En virtud de que el feminismo debe ser entendido no
como igualdad para la mujer, sino como un vector más de la insurrección
destinada a abolir nuestro sistema de vida -tal como lo ha demostrado la
evidencia del totalitarismo del discurso y las células feministas en las
universidades y hasta en los medios de comunicación-, podemos acotar, en
términos simples, que una “noche feminista” en el Festival de Viña hará
cualquier cosa menos apaciguar ánimos de confrontación social.
Finalmente, como último antecedente, la Municipalidad de
Viña del Mar está a cargo de una alcaldesa de centroderecha, el sector político
más afectado y denostado por Bustamante, motivo que por sí solo no sería
suficiente para censurarla si no fuese por los antecedentes mencionados, puesto
que abrirle las puertas de tu casa a quien con total desfachatez ha mentido
contra el Gobierno, ha validado la destrucción de propiedad pública y privada y
se muestra férrea colaboradora de movimientos de insurgencia radical es
completamente una paradoja carente del más absoluto sentido.
Es por todo lo mencionado que es necesario aseverar que la
presencia de Norma Bustamante (Mon Laferte) en Viña del Mar será la coronación
de toda impunidad y la puerta abierta a futuros agitadores sociales encubiertos
en su rol de artistas a seguir haciendo y deshaciendo irresponsablemente con no
menores consecuencias en un cambio social cada vez más violento y lleno de odio.