El doble estándar (es decir, “ni chicha ni limoná”) de la clase política o de los grupos de influencia en nuestro país ya adquiere caracteres francamente vomitivos… Todo lo acomodan según sus intereses: lo que es malo un día, al siguiente no lo es tanto; piden a gritos que “las instituciones funcionen”, pero cuando funcionan como las reverendas, se quedan callados; dicen que persiguen todo acto de corrupción o turbiedades en el aparato público, pero cuando hay que estampar la firma para hacer las denuncias ante contraloría, se hacen los pelotudos; se alzan como los paladines de la transparencia, pero cuando se piden comisiones para investigar irregularidades, otra vez se hacen los boludos, en fin, un doble estándar asqueroso… Dicen: ¿qué hace un niño en las protestas?, de seguro “no es una blanca paloma” y les importa un carajo que ese niño casi muere al ser lanzado al Mapocho por defender un acto a todas luces criminal… Colocan en su franja una señora que “lamenta” no poder vender sus panes y dulces para costear su cáncer, pero se les olvida que esa señora no debiera hacer eso si tuviéramos un sistema de salud justo, o sea, justifican y avalan un sistema de desigualdades y que la señora siga vendiendo sus queques y se las arregle sola o como el personero que decía que para arreglar un colegio hagan bingos… ¿Qué subyace en esta pérfida manera de pensar?: la injusticia, la naturalización de la desigualdad, el decirle a la gente que tiene que valerse por sí misma, cobrar su seguro de cesantía, disponer de sus fondos de pensiones porque tenemos gobiernos (éste y los anteriores -no se hagan los lindos-), a los cuales les interesa los números macro, las grandes cifras, pero la realidad de la gente y sus carencias, sus necesidades pueden ser satisfechas con un bono… Viven hablando de los horrores de Venezuela, pero les importa un comino las más de 8 mil denuncias de abusos y atropellos contra nuestros compatriotas, nada dicen de las 4 denuncias presentadas contra Chile en organismos internacionales por la sistemática violación de los derechos humanos que sufrimos día a día, que sufrimos por años, nada dicen de los más de 40 muertos ni de los ciegos que la maldad estatal ha provocado, eso no les interesa, les preocupa Cuba, Maduro… Y la guinda de la torta fue el tremendo, asqueroso, vergonzoso perdonazo que le dieron a Ponce Lerou: tenía una multa de 62 millones de dólares y le cobraron solo 3, es decir, hay quienes pueden sentarse en la legalidad y la justicia y salen como si nada, protegidos, amparados después de cometer ilícitos, de comprar (porque así fue, no tiene otro nombre) a cuanto político se le puso por delante y, como era esperarse de estos viles, nada dijeron, se quedaron -para variar-, calladitos porque más de algún billete del ex yerno del dictador y asesino Pinochet, les habrá llegado para sus campañas… Esta clase política tuvo el descaro de cambiar el fiscal que investigaba el financiamiento irregular de la política y, olvidando todas sus (aparentes) diferencias, se tomaron de las manos una vez más y en conjunto “para afuera fiscal” y que ingrese uno que los siga protegiendo y encubriendo… Vaya usted o yo a mandarse una talla así, vaya usted o yo a pedir un perdonazo de sus deudas y verá que la impunidad solo aplica para algunos y nos siguen señalando que en nuestro país es más rentable ser un delincuente (puedes llegar incluso a presidente) que ser una persona honesta porque tendrás como aval y cómplices a estos soberanos cara de traseros que se venden y silencian por migajas… Obvio, para no seguir con estos descaros, APRUEBO. Para todos, como siempre, un abrazo.
P.D.: Menos para los que avalan y defienden la impunidad y después aparecen como los “buenitos”