¿Cuál
es el propósito de los sistemas de pensiones? Nicholas Barr y Peter
Diamond, dos de los mayores expertos mundiales en el tema, plantean
cuatro grandes objetivos: transferir ingresos para financiar consumo en
la vejez, diversificar riesgos entre la población, servir de alivio a la
pobreza y redistribuir ingresos.
¿Y
por qué existe la obligación de cotizar en los sistemas de pensiones?
La teoría económica sugiere que las personas, al ser racionales,
deberían elegir ahorrar para mantener su consumo cuando no puedan
continuar su vida laboral activa, por lo tanto, no se justificaría tal
obligación.
Sin
embargo, existen varias razones por las cuales este supuesto no se
cumple y que explican que, prácticamente en todo el mundo, los sistemas
de pensiones sean de carácter obligatorio: al momento de decidir nuestra
información es incompleta y existen fallas de mercado que limitan el
acceso a productos de ahorro. Por otra parte, la economía del
comportamiento, disciplina que combina la economía con elementos de la
psicología, nos ha permitido entender de mejor forma las decisiones de
carácter intertemporal. Dos conceptos muy importantes son el sesgo hacia
el presente, que nos indica que existe una fuerte preferencia por el
consumo inmediato en desmedro del consumo futuro, y la tendencia en
nuestro comportamiento a posponer decisiones costosas, como, por
ejemplo, cuando señalamos que “la próxima semana comienzo la dieta” (y
cuando llega la próxima semana, nuevamente postergamos una semana más).
Asimismo,
también existen problemas de riesgo moral. Las personas confían que
será el Estado quien intervenga para mantener a quienes no cuenten con
recursos para solventar sus gastos durante la vejez.
Estas
mismas razones que explican la obligatoriedad de cotizar, nos permiten
explicar el éxito que han tenido las sucesivas reformas constitucionales
que han permitido el retiro de los ahorros previsionales.
Las
cifras de la Superintendencia de Pensiones nos muestran que un enorme
grupo de personas ha decidido usar el mecanismo de los retiros (más de
11 millones de personas, incluyendo a quien escribe). Y nos permiten
anticipar que, de ser aprobado en el Senado el cuarto retiro,
probablemente la mayoría de los afiliados hará uso de esta opción, pese a
que, gracias al IFE, los retiros anteriores y la recuperación económica
el ingreso disponible de los hogares es hoy mayor al de 2019.
Esto
ayuda a explicar también el entusiasmo de los legisladores y de buena
parte de la opinión pública por esta política, y el que en cada nueva
versión se hayan sumado nuevos grupos de beneficiarios: en el tercer
retiro los pensionados en la modalidad renta vitalicia y la versión
recién aprobada por la Cámara del cuarto retiro a los afectados por una
enfermedad catastrófica.
El
costo de los retiros no es inmediato. Recién hemos comenzado a ver
algunos, sobre todo a nivel del mercado de capitales, influyendo en el
aumento de las tasas de largo plazo y en variables macroeconómicas, como
la inflación. Pero pronto comenzaremos a observar los impactos en el
sistema de pensiones: bajas importantes en los montos por retiro
programado (que se recalculan anualmente), menores tasas de reemplazo en
quienes se pensionen, y un mayor gasto fiscal, dado por un mayor número
de pensiones básicas solidarias y un mayor número de beneficiarios del
aporte previsional solidario.
Muchos de estos costos los continuaremos pagando cuando el uso que dimos a los retiros sea un lejano recuerdo.