La injusticia el precio justo

Esta
semana nos hemos sorprendido con el desenlace del plan piloto de
fabricación y distribución estatal del gas por parte de ENAP. El
proyecto de campaña del gobierno, lanzado con parafernalia por parte del
ministro de Desarrollo Social, Giorgio Jackson, quien muy combinado con
el balón de gas, vestía un gorro fucsia para vincular a su persona a
“la justicia”. Era el hombre de “superioridad moral” quien entregaría un
“justo precio” de gas a las personas. El cual elegido salvaría al
mundo. Pero todo este show mediático terminó siendo una gran injusticia,
somos los chilenos quienes subsidiamos desde nuestros impuestos las
ineficiencias del Estado. Resultaron ser los balones de gas más caros
del mercado. Si, se vendían a un precio menor al de mercado, ($15.000
contra $27.000) pero había que pagar por detrás más de 5 veces ese
valor. Cada uno necesitaba un subsidio de $102.000, dinero que debía
salir de las arcas fiscales, es decir de los impuestos que con esfuerzo
pagamos todos los chilenos.

No
hay tal cosa como un precio justo. Eso es una medida subjetiva que
resulta ser siempre arbitraria. Los precios se establecen de acuerdo con
los costos, al trabajo involucrado y a la demanda del mercado por el
bien. Desde ya el Estado y el gobierno sólo vieron algunas variables de
la ecuación, básicamente porque son unos “analfabetos económicos”. La
escasez es lo que determina todo problema económico. Recursos limitados
para necesidades infinitas. Pero para quienes hoy son gobiernos
pareciera que todo se explica por voluntariedad y gastan y derrochan los
dineros públicos como si estos cayesen del cielo. ¿Es esto justo? La
verdad que no.

Por
lo mismo cabe preguntarse ¿qué es la justicia? La justicia es darle a
cada uno lo que es de propio suyo, no necesariamente lo mismo. Por lo
mismo ¿es justo hacer “caridad” o “solidaridad” con lo ajeno?
Evidentemente no. El gobierno con tal de ganar votos, en una medida
populista arremetió en contra la industria del gas una vez que se
advirtió posible “colusión”. Cosa que no había quedado determinada. En
su “lipiria” contra los privados busco “hacer justicia”, que para ellos
se traduce en intervenir

el mercado. Esto llevó al lanzamiento del fracasado plan piloto. Sin
haber estudiado, ni comprender el mercado, con la certeza que ellos
mismos no tienen nada que perder iniciaron esta aventura del gas que
resultó en una producción 4 veces más cara que el mercado. Esta
experiencia dejó en evidencia que el gobierno improvisa, que no cuida
los recursos y que el experimento resultó ser altamente injusto. Por
otra parte, develó que los actores en la industria del gas son altamente
eficientes y ciertamente más justos que el intento irracional
gubernamental. Del mismo modo quedó claro que la ideología de eliminar a
los privados o de hacer crecer al estado está para ellos por sobre el
resolver los problemas de las personas. Chile tiene muchas más
prioridades que iniciar un productor estatal en el gas. Además si lo que
se buscaba era que las personas pudiesen calentarse con menos dinero,
lo gastado en el piloto podría haberse entregado en subsidios directos
alas personas para que les comprasen a quienes ellos estimases
convenientes. Del mismo modo si su preocupación era la falta de
competencia, se podría haber incentivado para que al mercado del gas
entrasen nuevos actores y así se dinamizara el mercado. Nada de eso
hicieron, su fin era otro, hacer crecer al estado, aunque eso nos cueste
más caro

Otro
punto esencial para ser justos en esto y en todo es asumir las
responsabilidades que las acciones implican – la justicia es dar a cada
uno lo que es de propio suyo. Por lo mismo, culpar a ENAP y a su
directorio es de inmensa injusticia. Ellos no son los responsables, al
menos no políticamente. Todo en este “tongo “ es altamente injusto. Para
que algunos tengan un balón un poco más barato, todos debemos pagar muy
caro. Además, quienes propiciaron la política frente al fracaso quieren
culpar siempre a otros.

La
pregunta es si este fracaso se replicará en el litio y en las
pensiones. La pregunta es entonces ¿Cuánto nos costará el “plan piloto”
de las pensiones? Preocupante, de justo, nada.

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