El mes de febrero ha
registrados récords de contagios a nivel nacional y regional. De acuerdo
al Ministerio de Salud, la variante Ómicron del Covid-19 resultó más
contagiosa que todas las cepas anteriores, pero menos dañina ya que
genera menos hospitalizaciones y muertes. Sin embargo, en las últimas
semanas los datos contradicen esa afirmación, ya que ha provocado un
aumento brusco de los enfermos con cuadros graves y muertes. Hace pocos
días se registraron 201 muertes por Covid-19 a nivel nacional, la mayor
cifra de fallecimientos en esta cuarta ola. Por su parte, febrero en
Magallanes registra hasta ahora casi el 10% del total de muerte de lo
que va de pandemia. Desde un inicio se supo que la nueva cepa Ómicron
sería más contagiosa y, al menos, desde mediados de enero ya se
proyectaban las actuales cifras, pero a nadie le importó.
En
estas circunstancias, el Gobierno (en vacaciones) se ha limitado a
reducir los aforos casi en todo Chile (que nadie fiscaliza y muy pocos
respetan), pero no se ha planteado en ningún momento la posibilidad de
implementar nuevos confinamientos o restringir el desplazamiento
nacional entre regiones o el cierre de fronteras. Entonces, en la
práctica nos hemos limitado a esperar que se contagien los que se tengan
que contagiar, agravarse los que tengan comorbilidades o los pille mal
parados, y que mueran los que tengan que morir. Los casos críticos y
nuestros muertos han pasado a ser cifras, meras estadísticas, y nos
limitamos a repetirlas, con insensibilidad, con indiferencia, sin
asombro, sin reclamos, sin exigir medidas que las limiten o las reduzcan
drásticamente.
El
mes de marzo, a menos de una semana, se aproxima con una baja en el
número de contagios nuevos, pero con cifras aún altas y sostenidas de
pacientes críticos, en un
contexto de positividad superior al 20%. Un escenario complicado para
el fin de las vacaciones, ya que aumentará la movilidad por el retorno a
clases y al trabajo. Si no se toman las medidas de resguardo podría
generar un repunte de la actual ola de contagios y agravar las
condiciones hospitalarias actuales. El resultado puede ser crítico,
considerando además que se avecina el otoño y las temperaturas empezarán
a bajar en gran parte del territorio nacional.
Al
Gobierno actual ya es imposible pedirle acciones para frenar la actual
situación epidemiológica, porque hace rato dejaron de intervenir. Por
tanto, es inevitable pensar sobre la postura que asumirá el próximo
Gobierno ante la eventualidad de que la actual ola de contagios y sus
cifras fatales se mantengan o agraven. Lo primero que se espera es que
lo exigido desde la oposición se pueda implementar siendo Gobierno. En
este sentido, las restricciones y un posible confinamiento intermitente
(cortocircuito o burbujas sanitarias) podrían ser alternativas posibles
para evitar el aumento de pacientes críticos y muertes producto del
Covid. Lo importante es que la política
pública se haga cargo de evitar la muerte de compatriotas y la presión
sobre los hospitales (que de paso ocasiona la postergación de otras
patologías y muertes indirectas). Un mínimo exigible es dejar de ser
insensibles ante las muertes.