La instalación

El domingo recién pasado
se instaló la Convención Constituyente que tendrá la histórica misión
de escribir una nueva Constitución para nuestro país. Sin dudas se
inicia un trabajo arduo y delicado, donde la sabiduría, la serenidad y
la prudencia debieran ser las virtudes que más se practiquen.

Mas
allá del histrionismo de algunos convencionales se espera que realicen
un trabajo reflexivo para abordar todos los temas necesarios para lograr
una renovada arquitectura institucional.

Algunas
cosas no deberían ocupar tiempo en las discusiones, porque caen de
maduro que son las bases mínimas sobre las cuales debe construirse una
nueva Constitución: discutir si nuestro país es o no república seria
inoficioso. O bien discutir si nuestra soberanía se basa en la
democracia.

Son discusiones mayores que significan preguntarse por algunos aspectos dogmáticos y por la orgánica o distribución
del poder en nuestra institucionalidad y qué sistema de chequeo o
balances se implementaran para que los poderes y las autoridades rindan
cuenta de sus actuaciones.

Siguiendo
al filósofo y constitucionalista Karl Loewenstein, que descartaba la
posibilidad de construir una Constitución ideal a partir de la teoría;
así, decía que una Constitución ideal no ha existido jamás, y jamás
existirá.

Lo
importante será que, en el marco de los Derechos y Garantías
Constitucionales, se busque abolir toda forma de discriminación y
violencia tanto hacia las mujeres como a las personas de la tercera edad
y a personas en situación de discapacidad, a fin de resguardar
verdaderamente la igualdad ante la ley, a través de leyes y campañas
educativas para tomar conciencia y generar los cambios culturales
necesarios.

Como
así mismo abordar con profundidad el reconocimiento constitucional de
los pueblos o naciones originarias. Un punto de referencia en este
sentido son tres países del primer mundo: Australia, Nueva Zelanda y
Canadá, donde todos los grupos son respetados y cada cual aporta su
cultura, enriqueciendo la sociedad.


Importante sería consagrar como un derecho el acceso al consumo humano
del agua, para que no sea el mercado quien lo regule, pues aun cuando
Chile se desenvuelve entre la escasez y la abundancia, es un país rico
en este recurso natural, que según la ciencia en los próximos años
comenzará a escasear en el mundo.

Incluir
los derechos sociales más significativos: educación, un plan básico de
salud universal, previsión con una pensión universal mínima y el derecho
a una vivienda digna.

Respetar el derecho de propiedad, como así mismo su función social.

Los
derechos sociales deberán ser garantizados mediante su respectiva
regulación legal. Su provisión y administración podrán ser estatales,
con la cooperación privada, para lograr una solidaridad subsidiaria, al
estilo de la definición de la Constitución de la Comunidad Europea.

En términos sustantivos, consagrar
en Chile un Estado Social y Democrático de Derecho y en un Estado
Constitucional ampliado que resuelva la tríada inseparable de todo
sistema democrático: Estado de Derecho, Derechos Humanos y Medios de
Garantía Eficiente de los Derechos.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS