El gran paradigma de la insurrección de octubre de 2019 y sus jóvenes revolucionarios,
era que Chile es la cuna y será la tumba del neoliberalismo,
entendiéndose este como el sistema desarrollado en Chile en las ultima
cuatro décadas, y que mal que, pese a algunos o muchos, hizo crecer al
país indubitadamente, en aspectos económicos y sociales, no así en lo
cultural, espacio por donde “se colaron” los deconstructores
revolucionarios precisamente para desmantelar dicho sistema. O al menos
así lo decían. Ya no parece tan claro.
Muchas veces me he referido al fenómeno que, mientras la economía y
la calidad material de vida ascendían, el nivel cultural de la población
caía, a ratos en caída libre. Nuestra ya decadente clase dirigente,
enriquecida “a la chilena” muchas veces en un ambiente mercantilista más
que capitalista, se olvidó de las virtudes que un Portales vio en ella,
engordaron, se mediocrizaron, ostentaron y dieron muestras crecientes
de su incapacidad cultural y de liderazgos y, hasta el día de hoy, de la
cobardía propia del que lleva una vida cómoda y tiene mucho que perder.
Todo se transformó en negocio, todo se transó, hasta los principios y
valores, y la República misma.
Entonces surgió esta pandilla revolucionaria que aparentemente
proviene de una camada distinta, y que estaría llamada a convertirse en
la nueva clase dirigente de nuestro país o al menos de lo que queda de
él, acorde los idearios neomarxistas, indigenistas, feministas, lgtb,
ecologistas, reivindicacionistas y un largo etcétera. No fue muy difícil
para esta “nueva” izquierda, las derechas ya están dando jugo,
paralizadas y además en plan de fuga, proyectarse como la nueva clase
dirigente para muchos años por delante, con su “ideario-norma” basada en
la nueva constitución, las ideas de la escuela de Frankfurt, la
teología, filosofía y educación para la liberación, y hasta del
boliviano García Linera, “gurú” de nuestro aspirante a “líder supremo”,
Gabriel Boric. Con Boric, “todo va a cambiar” decía hace unos días una
vociferante partidaria, casi histérica.
Pero la naturaleza humana no es fácil de cambiar, y han bastado tres
meses de gobierno que no gobierna, para demostrar que el actual
conglomerado, en su versión de primera y segunda líneas de coaliciones,
no es más que la cara izquierda del sistema neoliberal que cada día
atacan menos, porque se están incorporando a aquel.
No ha sido de inmediato, en realidad ha sido de toda una vida corta
de la pandilla gobernante. Ninguno de ellos viene de existencias con
privaciones, exigencias y responsabilidades. De Boric hacia abajo no
podrían decir que lo han pasado mal, ni siquiera cuando lo reprobaban en
el examen de grado, porque parece le dio lo mismo. Tampoco supieron de
estrecheces económicas vitales. Como llevaban dos períodos de
parlamentarios conocieron de la opulencia que dichos cargos pueden dar. Y
ahora que son “gobierno” y reparten los cargos, las platas, las
adquisiciones y compras públicas pese a la mala situación del Estado,
estamos en fase de peleas por cargos, en que están los mismos de siempre
como un Juan Gabriel Valdés, ex candidatos a diputada como la
embajadora en Inglaterra, o en España otro, los parientes del gurú Atria
en Alemania. Máximo Pacheco en Codelco, ¿se acuerda del cambio obligado
a “medidores inteligentes”? Mil millones de dólares para las compañías
de distribución eléctrica. Y él estaba detrás en esa época.
Los sueldos de la administración del Estado son muy buenos, superiores
al promedio del sector privado, y ya los están percibiendo personas que
jamás habrían podido aspirar a tales niveles de ingreso, me refiero a
los que vienen detrás, porque la primera línea del gobierno hace rato o
siempre, están en el segmento ABC1.
Todo tiene que cambiar para que todo siga igual. La ola de ineducación,
o de incultura colectiva, aquella que se manifiesta mucho mas allá de
no saber inglés, de no saber de protocolo y diplomacia, del mal gusto
para vestirse, malos modales entre ellos limpiarse la nariz y amamantar
en público o ir con jeans a un velatorio, son expresión clara que en
Chile hoy todo sigue siendo poder y dinero. La izquierda ya es
neoliberal, con menos cultura incluso.