Para
nadie es un misterio que la mayoría de los artistas se posicionan
ideológicamente con la izquierda. Es tan común que proporcionen su
imagen para encabezar campañas vinculadas al sector, que inmediatamente
reconocemos que recibirán cargos.
Algunos
bien lo harán por afinidad, por responsabilidad social o participación
cívica. Pero sobre todo asociamos sus intervenciones como modos de
politizar la cultura, donde ellos son los únicos que tienen la palabra
final al respecto. Es que dentro de los círculos del arte también existe
una especie de dictadura y autoritarismo, en donde no se puede pensar
distinto.
Cosa
en común con las ideas ignominiosas de la izquierda, su comportamiento
sectario y el afán de apropiarse de la cultura popular. Finalmente,
ambos creen que gran parte de ese mundo milita y tiene pensamientos
similares. Son los dueños de la cultura, los que imponen las reglas de
esa erudición y son los que utilizan el arte como un brazo político.
Cualquier otra que se desarrolle y difiera de su pensamiento, como la
cultura conservadora propia de la derecha, para ellos no debería
existir. Ellos son los únicos fieles representantes del mundo actual,
del progresismo y del desarrollo humano. Solo ellos determinan quienes
ofician el arte, a su vez que establecen que es y que no.
Así
mismo, el estado socialista soviético en sus inicios utilizó en su
revolución a los artistas para exaltar el trabajo, la solidaridad y la
eficacia del régimen comunista. Era un arte que no cumplía con los
principios capitalistas, sin decadencia y para nada burgués, útil a los
propósitos de la ideología como una herramienta política.
Se
mantuvieron los primeros años al lado del poder establecido, para
acabar algunos perseguidos, criticados, sometidos a la dictadura, a ese
socialismo real. Se hace lo que el partido decide y no hay otra
expresión, por lo que muchos escaparon a otros países de Europa y del
mundo.
La
utilización de la cultura por parte de la izquierda en el socialismo
real es un tema histórico. Ahora la mutación del manejo cultural es
liderada por la nueva versión de la izquierda, la que sigue plasmando su
pincelada, el progresismo joven.
Como
muestra, el Frente Amplio utiliza las artes de forma más inclusiva que
el partido socialista, que el PPD y otros partidos tradicionales de
izquierda. Sin duda les fue muy trascendental para la elección del
presidente a Gabriel Boric, donde por medio de artistas consiguieron
militantes y lograron masificar sus políticas feministas y de identidad
de género.
Sin
embargo, siguen los pasos de la misma Unidad Popular (UP), que fue una
clara demostración de ideología entregada, donde toda la cultura estaba
al servicio de entes ideológicos, principalmente de izquierda y todos
sus matices.
Entonces,
ojo con la promoción de cultura en las obras de teatro, en la música,
en la actuación. Si bien, muchos de estos virtuosos profesionalmente
hacen arte para expresar sus sentimientos o pensamientos, porque les
nace el deseo por hacerlo, muchos caen en el contratiempo de ser
utilizados políticamente, o bien, de frente colocan su arte a los
beneficios de un sector político determinado, convirtiendo así su
trabajo en un arte partidario y discriminativo.
Porque
el arte debería incluir a todos, sin discriminar a quienes lo realicen y
sin armar un monopolio al respecto. No nos olvidemos que cuando la
izquierda es gobierno estos dominan las instituciones públicas que
dictan los premios culturales y los financiamientos. Así dictaminan lo
que es correcto e incorrecto, monopolizando al beneficio de los suyos
Ejemplos
de grandes personajes en el arte que no han sido de izquierda y que han
sido discriminados por ello son varios. Entre ellos Mario Vargas Llosa
le costó décadas lograr un premio nobel, pero cuando se le otorgó el
2010 las voces izquierdistas suecas reaccionaron gritando: ¡No les den
el Nobel, es un derechista!
El
mismo Jorge Luis Borges, al no ser Peronista y cuestionar al sector,
fue castigado por tener un acercamiento a Rafael Videla, y por los
elogios a Augusto Pinochet, dichos que fueron tomados en cuenta para que
no le otorgaran el Nobel.
Debemos
reconocer este anacronismo que tiene la sociedad chilena, uno extendido
también por toda Latinoamérica, y que debe cambiar. Nadie que tenga un
pensamiento de izquierda progresista o de derecha, de centro, tiene
monopolio absoluto de las ideas del arte, o del pensamiento. A pesar de
lo cual, parece que estos principios progresistas de izquierda se quedan
solamente en eso.