Muchas
veces confundimos la ley con la justicia. De hecho hablamos de justicia
para referirnos a las reglas y normas que condicionan el actuar de las
personas e instituciones. Hablamos de “La Justicia” para referirnos al
Poder Judicial. La gran pregunta es si quien está habilitado para
impartir justicia está siendo realmente justo. ¿Qué sucede cuando la
“Justicia” y la ley es injusta? Esta semana nos sorprendimos con la
aprobación por parte de los “Supremos” para darse a ellos mismos, desde
la plata del Estado, o sea con la plata de los “contribuyentes”, Lexus
de alta gama “sustentables”. La aprobación del presupuesto para un gasto
no menor escandalizó a la opinión pública, por lo que “La Justicia”,
debió enmendar su medida, ya que evidentemente carecía de toda justicia
en el sentido pleno de la palabra. Sin duda la acción era legal, pero
eso no la hacía justa.
La
justicia es la virtud de dar a cada uno lo que corresponde, lo que es
de propio suyo. Es una de las cuatro virtudes cardinales junto con la
Templanza, la Prudencia y la Fortaleza. Dar a cada uno lo que es de
propio suyo debe ser dado mediante una voluntad constante y perpetua. De
hecho podemos calificar a una situación como justa, cuando a la persona
se le ha dado lo que le es propio a través de una conducta correcta de
otros que hicieron posible. Ya desde Platón los griegos consideraban que
todas las virtudes se originaban en la Justicia. Por tanto, si esta
falla, falla todo lo demás. La justicia apunta a la rectitud de la
voluntad por su propio bien en nuestras interacciones con los demás. La
Justicia se basa en la idea del bien, lo que permite la armonía social,
bien común. Como toda virtud, es una hábito operativo bueno. Una
Cualidad permanente que no se pierde con facilidad. El problema es
cuando no es un hábito real del alma de quien la imparte, entonces no
hay justicia.
La
ley busca ordenar racionalmente la convivencia, pero hay veces, cuando
ésta se aleja de la ley natural, pierde su justicia. Es inicua.
Teniendo en cuenta lo que la justicia es, debemos hacemos varias
preguntas. Por ejemplo, ¿Son justos impuestos? Quitar lo propio para un
fin mayor, puede ser parte de la justicia redistributiva que ya reconoce
Santo Tomás de Aquino. Para que sea justo debe estar el bien común en
mente y aceptar de consenso ese bien. Por lo mismo, y considerando que
el Estado no tiene recursos, y por tanto, para poder hacer “justicia
redistributiva” debe quitarle lo que es “de propio suyo” a las personas.
Por lo mismo, es que malgastar la plata estatal es doblemente grave. Le
quitaste lo propio a alguien, no por el bien común, sino por el propio,
lo que hace ese acto injusto. Entonces, el Estado no teniendo dinero
¿puede auto atribuirse partidas de dinero de otros para fines
personales? Evidentemente que no. No es justo que lo haga. ¿Puede el
Estado asignar presupuestos y no ser eficiente?¿Puede el sistema
perpetuar la ineficiencia obligando a gastar las partidas asignadas
anualmente y en caso de gastar menos, castigarlos con partidas menores?
Eso es ineficiente y permite actos corruptos con facilidad. Por lo
mismo, ¿los Ministros de la Corte Suprema puedan aprobar ellos mismos
con plata ajena cambiar sus autos? Legalmente pueden. El punto es si esa
ley es justa y evidentemente no lo es. No es justa y es inmoral. Frente
a la realidad económica de “necesidades infinitas y recursos escasos”,
que afecta a todas las personas y también a un país, puede la
“sustentabilidad” justificar un gasto arbitrario e innecesario, frente a
otros gastos y necesidades urgentes. Por supuesto que no. Priorizar es
esencial siempre, hacerlo es de justicia. Lo legal puede permitir
injusticias y estas pueden provenir de quienes se suponen o creen ser la
justicia encarnada.
Lo
cierto es que más allá de los “Lexus” de los cuales hoy “recularon”, el
poder judicial deja mucho que desear cuando en el nombre de la
justicia, deja de lado la esencia de la misma. Encarnan el poder que
aplica la justicia, por lo mismo, cuando son injustos y queda evidencia
de eso, debieran ser inhabilitados. La ideología que nubla la mente hace
que algunos miembros del poder judicial movidos por la política estén
dispuestos a poner lo personal sobre el bien común y no darle a cada uno
lo que es de propio suyo. Es decir aplican la ley y son injustos.