La Manada

Uno
de los animales que han sido objeto de fascinación y temor son los
lobos. En efecto, los lobos son animales muy sociables por naturaleza.
De hecho, los lobos en una manada tienen un trabajo y un rol que
cumplir. Y es ese fuerte vínculo físico y emocional el que les permite
permanecer juntos (por muy distintas que sean sus intenciones
individuales). Los lobos interactúan unos con otros (son colectivistas),
y pasan mucho tiempo comunicándose tanto verbalmente como de otras
formas (son histriónicos y retóricos), también hacen uso de sonidos y
lenguaje corporal para mantener su posición, siendo poco ocasional que
los conflictos entre los lobos de una manada lleguen a la agresión
física (se pueden odiar, pero el poder los une). La excepción de esto
sucede durante la temporada de apareamiento (negociación electoral),
cuando algunos machos desafían al macho alfa.

Básicamente
es así como funciona la manada, lo cual tiene similitudes con el modus
operandi de un conglomerado político. Mientras la comida es abundante,
los políticos profesionales se ignoran entre sí y siguen su camino.
Cuando la comida es escasa luchan para determinar qué grupo tiene el
derecho a alimentarse. Así de este modo, y tal como como sabemos en las
sociedades humanas, los recursos son limitados y las necesidades de las
personas son ilimitadas. En consecuencia, los políticos estarán
determinados a luchar, especialmente los de poca monta mostrando el
colmillo ante la más mínima posibilidad de apropiarse del botín.

Es
muy evidente que hace tiempo, y con notable agresividad a partir del 18
octubre, los lobos agrupados en distintas manadas han atacado la
institucionalidad chilena, desgarrando la tranquilidad de los
ciudadanos, asesinando, quemando y destruyendo todo a su paso,
provocando la pérdida del empleo de 300.000 trabajadores y sembrando la
creencia que los males se acabarían con una nueva constitución. El
verano, los asados, viajes y aperi
tivos en la playa, solo apaciguaron la sed de poder… y cuando se aprestaban para reiniciar el carnaval sangriento, el Coronavirus los ahuyentó, como el fuego aleja a los lobos de su presa.

A
medida que el Gobierno logra controlar la pandemia en el país, desde la
oscuridad de los cubiles se vislumbran los colmillos amenazantes de las
bestias. Sus aullidos disfrazados de cantos de sirenas, se han
apropiado del malestar y desilusión de muchos chilenos respecto del
sistema de pensiones, y mientras relatan falsas fábulas que prometen
bienestar para los jubilados, atraen a los incautos para ser atrapados
entre sus fauces.

Recientemente
la diputada comunista Camila Vallejos (Beta) y el Senador Alejandro
Navarro (Alfa), presentaron proyectos de ley, sin consideración de su
constitucionalidad, para expropiar y nacionalizar los Fondos de
Pensiones, y así colocar en las garras de políticos hambrientos de
poder, los ahorros de cada uno de los chilenos. Como dijo Plauto:
homohomini lupus, “el hombre es un lobo para el hombre”.

Compartimos
que el sistema de pensiones requiere mejoras, las cuales han sido
abordadas por los proyectos de ley propuestos por el Gobierno y que
siguen trámite en el Congreso. Sin embargo, los ciudadanos deberán estar
atentos si aceptan o rechazan que su ahorros resultante del esfuerzo
laboral de toda una vida sean devorados por los políticos y manadas de
la extrema izquierda.

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