Una vez más se nos va septiembre y vuelven a surgir luchas de uno y otro lado para mantener vigente una herida abierta que nadie, al parecer, quieren intentar cerrar, radicalizando posturas que, pudiendo tener justificación en el sentimiento último de cada ser, no contribuye a la real tolerancia. Las posturas minoritarias siguen avalando las razones del Golpe y, de paso, justificando las muertes, torturas y violaciones a los derechos humanos que llevó implícito.
Nadie quiere olvidar, pero la conciencia de la mayoría de los ciudadanos ha ido cambiando producto de la propaganda imperante y se ha vuelto refractaria. No la asume y la rechaza.
Ni uno ni otro contribuye a la paz que debe nacer de la tolerancia en el más estricto sentido de su significado. Tolerar es aguantar, no importa lo duro que sea el mensaje del que está al frente o de lo desagradable que pueda ser su sentimiento y convicción. Tolerar es morderse la lengua ante sus posiciones, aunque sean radicales.
Tolerancia también viene de la obligación de cada uno de moderar sus propias convicciones cuando emitir un juicio, una broma, o una reacción espontánea puede provocar daño en otro. También significa llevar o sobrellevar, tanto algo material como espiritual, llevar una carga o sobrellevar una pena o un sufrimiento. Se relaciona entonces con la tolerancia en cuanto que lo tolerado es siempre algo malo que hay que soportar.
Si estamos llamados a conseguir un país unido ante las adversidades que se nos avecinan, debemos primero enseñar a practicar la tolerancia y respetar el sufrimiento del otro.
Sin embargo, y a pesar de las mejores voluntades para superar el episodio, será imposible si no hay una legislación que cohíba a los promotores, detractores o negacionistas, pues esos están llamados a lanzar sal a las heridas para mantenerlo vigente. Son conocidos, son parlamentarios, son columnistas y son los que ganaron privilegios con ocasión del Golpe, tanto de uno y otro lado y que no cambian estilos sólo para no perderlos.
Desde el ´73 han pasado 46 años. Desde el término de la II GM han pasado 74 y hace mucho tiempo que Europa y el mundo aprendió a subsistir olvidando o relegando a un segundo plano el enorme daño provocado por el nazismo y hoy todo se ha interactuado: política, deporte, cultura, liderazgos, consensos y respeto. Allí la tolerancia ganó. ¿A quién le conviene que nos mantengamos en una permanente lucha de ideas, para no poder aceptarnos? Sin duda alguna a aquellos que les interesamos como peones para incremento de sus utilidades y ganancias más que como seres humanos pensantes