La noche más oscura

La
frase de la película de Cristopher Nolan, The Dark Knight, que el
presidente Piñera replicó en una conferencia de prensa, sin duda produce
una cierta vergüenza ajena. Sin embargo, cuando se miran las noticias
donde delincuentes juveniles asesinan niños frente a sus madres, o se
recibe un Whatsapp donde algún conocido o vecino denuncia un asalto que
se sabe quedará impune, esa impresión da paso a una cierta desazón. El
tema delictivo se ha hecho tan habitual que podríamos pensar que
efectivamente estamos en Gótica, la ciudad decadente y corrompida donde
Batman intenta que impere la Justicia, de modos poco convencionales,
frente al auge generalizado de la criminalidad, la corrupción, la
impunidad y la indolencia. Solo en la última semana supimos de fiscales,
carabineros y militares participando de distintas fiestas clandestinas.
De un funcionario judicial, hijo de un ex intendente del gobierno de
Michelle Bachelet, con armamento de guerra y explosivos en La Araucanía.
También fuimos testigos de la labia ramplona, en defensa del amado, de
una honorable diputada y de un proyecto de ley vergonzoso, más propio de
sociedades estamentales que de una sociedad democrática, que busca
eximir del pago de intereses a candidatos y partidos políticos. Lo
increíble es que, ese claro privilegio oligárquico, lo promueven dos
diputados del Frente Amplio, el grupo político que más gárgaras ha hecho
en los últimos años, como supuestos tribunos de la plebe, en contra los
privilegios de la clase política y empresarial. Mientras, un poder del
estado se arregla los bigotes con la ley, los cargos a nivel del poder
ejecutivo se distribuyen como una puerta giratoria vergonzosa. Por donde
se mire, el desenfreno, la demagogia, el amiguismo, los apetitos de
fama y poder, junto a la arbitrariedad y la vileza parecen imperar e
indicarnos que la ciudad, la polis, está hace rato en clara decadencia.
Tampoco el pueblo se salva, aunque algunos lo beatifiquen como supuesta
respuesta a la decadencia. No señor. Basta recordar al supuesto pastor
evangélico que simuló ser atropellado o las riñas y actitudes
pendencieras de parte de chilenos y migrantes en algunos lugares de la
capital, que reflejan la expansión de la anomia y la narco cultura en
distintos barrios de la gran ciudad. Y ni hablar del vandalismo
rutinario de los hooligans encapuchados, que solo el miedo al virus
parece calmar cada tanto. Son tiempos oscuros para lo que podría
llamarse la República. Oligarquización y plebeyismo, como poderes
salvajes, se conjugan de forma preocupante en desmedro de las leyes y
las instituciones. Una mirada a la historia solo podría despertar
augurios pesimistas frente a tal escenario de decadencia moral. Más aún
si consideramos los efectos de la peste sobre la vida de las personas,
donde algunas se empobrecen más, mientras otros pocos se enriquecen
extraordinariamente. Se olvidan de que, como advertía Montesquieu, no
solo la extrema igualdad amenaza a la democracia, también la desigualdad
extrema derivada en plutocracia u oligarquía. Entre medio, el crimen
organizado extiende sus tentáculos desafiando todo marco normativo,
sometiendo a las personas honestas al arbitrio caprichoso de los
criminales ¿Acaso las élites, los líderes políticos responsables y las
autoridades en general, no logran visualizar estas tensiones crecientes
en la sociedad? Quizás la decadencia de la República chilena no termine
como advertía Polibio, en una tiranía de uno solo o de las masas
descontroladas, pero dará paso a un largo crepúsculo donde las personas
honestas tendrán que saber sobrevivir en medio de la barbarie y la
anomia como norma predominante, como ocurre en países como México o
Venezuela. Ojalá me equivoque.

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