Parece
increíble como el tiempo transcurre aceleradamente y como se suele
señalar, cada día tiene su afán. Sin lugar a duda que, los últimos meses
han absorbido esfuerzos, tiempo, recursos, incomparables sacrificios y
por, sobre todo, una especial dosis de ingenio al servicio de las
circunstancias que nos ha correspondido experimentar.
Hemos
vivido durante estos trece meses pendientes al comportamiento del
virus, su impacto y consecuencias que finalmente vemos cada día
expresadas en gráficos que no hacen más que dar cuenta del estado de
salud de la población nacional
Sin
perder de vista la evolución de la pandemia, las necesidades de la
comunidad y cómo podemos dar pronta y oportuna respuesta, el avance del
Plan Nacional de Vacunación contra el Coronavirus y su desarrollo local,
tampoco podemos desatender otros requerimientos que forman parte de las
responsabilidades y que exigen también prestar especial atención.
En
el ámbito educativo, el retorno o no a clases presenciales se ha
convertido en uno de los mayores temas debatibles a todo nivel donde las
opiniones y propuestas no son pocas y se entiende. En este sentido, y
escuchando todas las posibilidades serias y responsables, resulta
necesario comenzar a sacar en limpio algunos aspectos en los que podemos
estar de acuerdo, más o menos, pero, en definitiva, es imperante
empezar a visualizar y brindar ciertas luces y certezas sobre un ámbito
que resulta ser de primer orden social como es la educación.
Estamos
de acuerdo con que la presencialidad debe llegar en el momento
adecuado, y así lo han manifestado las autoridades correspondientes,
educativas y sanitarias, y las propias comunidades educativas.
Ahora,
veamos algo sobre la virtualización de las actividades pedagógicas
durante el último año. Tampoco aquí pueden existir absolutos. Al
cumplirse un año desde la llegada de la pandemia, podemos empezar a
sacar algunas conclusiones aproximadas, pero especialmente, se puede
comenzar a hacer evaluaciones sobre lo ha que significado esta
experiencia según los diferentes contextos y realidades.
Incluso, muchos proponen y visualizan una experiencia futura mixta que involucre ambos sistemas, virtuales y presenciales.
Con
virtudes, complejidades, ventajas y desventajas, la educación virtual
ha permitido la implementación de técnicas y herramientas para muchos
hasta hace poco nuevas, generando nuevos alcances y posibilidades. La
experiencia educativa virtual ha significado más y nuevos esfuerzos por
parte de toda la comunidad educativa; docentes, estudiantes y entorno
familiar han debido adaptar sus vidas en torno a los nuevos procesos de
enseñanza y este nuevo esquema para aprender y enseñar.
Claramente
el análisis será incompleto e insuficiente en estas pocas líneas, pero
el objetivo final es poner en relieve la educación en tiempos de
pandemia y la importancia de no olvidar su impacto inmediato y futuro, y
por supuesto, el hecho de considerar a todos los actores involucrados
en este proceso.
Como
casi todo en estos meses, la experiencia forzada de la educación en
línea debe ser adoptada como un aprendizaje que nos motive a buscar la
mejor forma de garantizar una educación sostenible para niñas, niños y
adolescentes.
En
las actuales circunstancias, el compromiso y responsabilidad exigida es
mayor al manifestado históricamente por las comunidades educativas,
compromiso que debe ser acompañado y reforzado como corresponde.
La
tranquilidad y confianza de padres, apoderados, estudiantes y docentes
serán parte de este proceso valorando los esfuerzos desplegados y
estimulando el trabajo y acción conjunta pensando en las necesidades
inmediatas y futuras, en definitiva, este proceso donde todos nos vemos
involucrados requiere más que nunca del diálogo de todas las partes, en
definitiva, el objetivo es común, resultando indispensable hacernos
parte también de este proceso.