La nueva valorización que le dimos a nuestra casa

¿Cuántas
veces soñamos quedarnos más tiempo en casa? ¿Cuántas veces anhelamos
permanecer más tiempo en familia? Hace exactamente dos años, por la
crisis sanitaria mundial
se nos pidió quedarnos en casa. Y más aun
en la Región de Magallanes y Antártica Chilena hubo unanimidad en la
necesidad de una cuarentena general y cierre total. Eso significó
medidas más drásticas a
un,
las cuales las debimos obedecer ante este imperativo de encierro
obligatorio porque reconocemos que la excepción de nuestro derecho a la
libre circulación responde a la preservación de un bien mayor. Estamos
-aún- frente a un virus más mortal que cualquiera de los que combatimos
cada invierno. Un virus que jamás imaginamos, ni siquiera en las
películas que de niño fuimos al cine de la mano de nuestros padres a
ver. Pero esa obligación de permanecer en casa nos dio cuenta de la
importancia de saber convivir en familia bajo un mismo techo. Y resulta
que muchos descubrimos nuestra casa. ¿Qué es una casa? ¿Qué tan extraño
nos puede resultar ese lugar que apenas transitamos unas horas por día
cuando debimos pasar meses enteros allí? Una casa no es solo el soporte
material que evidencia su presencia. Es fundamentalmente un hábito, una
costumbre, una modalidad de estar a solas y con otros. Estar “como en
casa” es para el viajero reconocer los usos y costumbres que le rodean
como propios o familiares. Así, aunque no se encuentre en el domicilio
que lo aloja habitualmente, alguien puede sentirse “en casa” si se
replican las condiciones que reconoce por su familiaridad. Pero en estos
dos años hemos descubierto también que nuestra casa es nuestro refugio.
Si te quedas en la casa
no podrás contagiarte. Y si hay menos enfermos y la pandemia avanza más lento, podremos combatirla.

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