La obra humana requiere de armonía

La armonía se define como la correspondencia o proporción adecuada entre las diferentes cosas de un conjunto y se puede contraponer al poco comprendido concepto de “equilibrio”. Un “equilibrio armónico” se puede lograr, por ejemplo pulsando indefinidamente una misma cuerda para dejar sin variación, de modo indefinido, el tono. En el plano social, equivaldría a mantener de forma indefinida un cierto “statu quo”, provocando en tal condición de “equilibrio social” una prolongación de posiciones sociales. Para ciertos sectores de la sociedad, puede que la mantención de esos “equilibrios” sea relevante para asegurar persistencias de modelos a largo plazo. Pero la historia de la humanidad demuestra sin cesar, que la regla básica para avanzar en todos los frentes de la vida individual y social, es el rompimiento de los “equilibrios” y la introducción de elementos que conduzcan a una nueva armonía, a una nueva correspondencia entre las partes. La armonía no se sustenta en el equilibrio. Por el contrario, se sustenta en el permanente cambio de estructuras, en la búsqueda incesante de adecuaciones, siempre en busca de un afiatamiento más ajustado, más perfecto, entre los elementos del conjunto. Ello implica, tarde o temprano, la necesidad de aportar al desenvolvimiento de un conjunto social armónico incluso desde nuestras propias comodidades y también desde nuestras propias carencias. En teoría, esto puede ser cierto y podría conducirnos a una visión utópica de nuestra realidad. Pero la realidad es que estamos inmersos no solo en la rotura de la armonía social sino que, además en una grave rotura de nuestra obligada relación armónica con la naturaleza. La falta de armonía en si misma, es un acto violento y esto es producto de una pérdida de dominio de sí mismo y marca el fin de la dignidad y el respeto humano mediante actos que se agotan rápidamente y no tienen capacidad de permanencia pues pertenecen al ámbito de los extremos. De allí la urgencia por buscar los nuevos tonos que nos envuelvan en nuevas notas de armonía y ello requiere readecuación solidaridad, igualdad y libertad. Las carencias también son falta de armonía, lo que se traduce en la irrupción de violencia social de la cual necesariamente debemos hacernos cargo aun desde nuestras propias trincheras de bienestar. El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, ha señalado que la armonía es otro de los valores esenciales que la Masonería acoge en su universo simbólico como un desafío y una tarea, en la perspectiva de la realización humana, tanto material como espiritual. Así, la armonía no solo se eleva a una cualidad estética, sino también a la cualidad ética, es decir, a un atributo de las acciones humanas realizadas con los detalles armónicos de los más nobles propósitos, en el plano de lo social y en toda forma de convivencia. Los masones valoran significativamente cuando la armonía adorna el desarrollo de una sociedad o de un país y cuando ella es considerada como pieza insustituible para el crecimiento individual y colectivo. Es fundamental generar los espacios necesarios para que la armonía sea un aliciente para facilitar la igualdad, la fraternidad y la libertad, indispensables para la realización de toda obra humana.

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