Los
resultados del pasado 7 de mayo de 2023, importan una derrota para el
Gobierno, de implicancias estratégicas, pues conlleva el derrumbe
absoluto de su programa, y con él de todas las aspiraciones
refundacionales que se tenían para hacer de Chile un país que renegaba
de sus últimos treinta años de crecimiento, estabilidad política y
social. Al final, el estallido social no dejó de ser un berrinche
masivo, una suerte de catarsis colectiva contra el abuso y las
desigualdades, pero los recientes resultados y la derrota en el
plebiscito, demuestran que éstas inequidades se aspiran resolver sin
sacrificar el modelo, en lo sustancial. Tanto es así, que la opción
republicana triunfa en las comunas periféricas de Santiago y en la
Región de la Araucanía, sepultando las aspiraciones de un país
multiétnico que sacrificaba su histórico carácter unitario.
En
medio de la marea electoral, ha pasado desapercibido el fracaso de una
reforma que fue precursora del estallido social, la reforma educacional,
que persiste en mantener un sistema centralizado de administración que
claramente va en contra del proceso creciente de regionalización y
descentralización, pues ha quedado de manifiesto que los Servicios
Locales, no son tales, sino que desprovistos de recursos y atribuciones
no son sino apéndices del poder central.
Existe
hoy un consenso de los magros resultados de estos servicios, y
senadores como Fidel Espinoza del Partido Socialista de Chile,
manifiestan su arrepentimiento por haber votado esta reforma. Lo cierto,
es que a pesar de esto se persiste en el error, se aspira a hacer
enmiendas y reformas tardías para corregir deficiencias que no son
gestión, sino que de diseño y éstas no son de fácil resolución. A pesar
de lo cual, con un dogmatismo inexcusable se persiste en consignas
obsoletas, las cuales ya no comparte ni el magisterio, ni los
trabajadores de la educación ni los padres y apoderados.
Los
resultados electorales del pasado 7 de mayo, importa que
mayoritariamente, inclusive entre quienes votaron republicano, existe
una valoración positiva a los que se hizo durante treinta años en los
Gobiernos de los Presidentes Alwyn, Frei, Lagos y Bachelet I.
La
marea frenteamplista tocó fondo, y en este contexto bien haría el
Gobierno en reconocer su fracaso en política educacional, rectificar y
fortalecer la educación municipal antes que conjuntamente con el
traspaso se derrumbe definitivamente toda la estantería, pues de
momento, en nuestra comuna al menos, la pérdida de matrícula, la
sobredotación y los magros resultados son más elocuentes que las
palabras.
El
nuevo orden constitucional debe fortalecer la libertad de educación, no
sacrificarla en aras del término del lucro, pues en el ámbito
particular, no estatal, existen una multiplicidad de opciones que hoy se
ven constreñidas por las limitaciones que la fallida reforma impuso.
Finalmente,
se hace indispensable que los sostenedores, sin excepción, asuman sus
responsabilidades con el magisterio y los trabajadores, dado que los
nuevos servicios locales no lo están haciendo. Aú no se ha conocido
cual es la opción republicana por la educación pública, y si en éste
ámbito se observarán los limites del Comité de Expertos, o se innovará
en algún sentido distinto o complementario de las propuestas en
análisis, existen proyectos en actual tramitación en que la injerencia
republicana, es relevante, pues el nuevo orden constitucional deberá
estar acorde con la institucionalidad educacional, con sus prioridades y
el rol que se asigne al Estado en esta materia.