En
diciembre de 2019 la Cámara de Diputados desechó acusar
constitucionalmente al Presidente Sebastián Piñera. El libelo presentado
por parlamentarios de oposición apuntaba a una eventual responsabilidad
política del mandatario por las violaciones a los Derechos Humanos
cometidas por agentes del Estado a partir del estallido social. Aquella
misma jornada el diputado Giorgio Jackson tuiteó: ‘Es lamentable q no se
pueda ni discutir responsabilidad de un Pdte q declara una guerra a su
pueblo…’ [sic].
Meses
después, en plena pandemia, una proyección con la palabra ‘hambre’ en
un reconocido edificio ubicado en Plaza Italia molestó al gobierno. En
dicha instancia, la diputada Camila Rojas manifestó a través de sus
redes sociales: ‘Censurar, perseguir, amedrentar. Intentar acallar la
voz disidente, la crítica, no permitir la oposición al gobierno y sus
medidas ¿Se viene la ley anti proyecciones? Antidemocráticos hasta los
huesos eso son. Trabajemos y construyamos para que un día se les acabe
la fiesta’ [sic].
Estos
dos ejemplos sirven para explicar cómo ha actuado la oposición desde el
18 de octubre de 2019; identifican un error del gobierno y extreman la
intención con la cual este actuó para hacerla parecer deleznable y
aprovechar de agitar sensibilidades. ¿Acaso alguien podría afirmar
responsablemente que al comienzo del estallido el Presidente quería
declarar una ‘guerra’, con todo el peso que la palabra implica, a su
pueblo? ¿Acaso es sensato aseverar que la autoridad ha buscado censurar,
perseguir, amedrentar e intentar acallar la voz disidente?
La
oposición goza de perspicacia política y entiende la carga emotiva que
ciertas palabras y gestos generan en la audiencia cuando se les utiliza
con exageración. El hábil empleo de estos recursos fue justamente lo que
se llevó a cabo durante esta semana con la acusación constitucional al
Presidente. Esta vez, sin embargo, decidieron ir un paso más allá y
extremar aún más la parafernalia; ya no solo serían declaraciones
desmedidas y emotivas, sino que también gestas heroicas; el discurso de
1300 páginas, las maratónicas 15 horas de lectura y la carrera del
diputado Jackson por llegar a votar, configuraron un escenario cuya base
de acción obedece a la misma estrategia que han utilizado desde 2019,
pero que se destaca, increíblemente, por superarse a sí misma.
La
oposición —con ayuda del oficialismo, claro está— encontró el modo de
utilizar su estrategia para horadar al gobierno de una manera
sorprendentemente más aguda de la que estaba utilizando hace apenas unas
semanas. Deberán preguntarse, en todo caso, si el elástico no se corta
de tanto estirarlo.