La Otra Navidad

Mucho se ha escrito sobre la navidad y su verdadero significado, pero siempre es necesario reflexionar en esta fecha, en la que sentimos que los ánimos se pacifican y los valores humanos se exaltan. Una navidad diferente para nuestro país a la luz de los acontecimientos sociales que se iniciaron el 18 de octubre, que aún nos mantienen muy pensativos acerca del país que necesariamente debemos comenzar a construir. Se habla de justicia social pero parece que todavía algunos actores de nuestra política están lejos de tener un concepto común al respecto. La reflexión en esta fecha de paz, acerca de cómo podemos aportar a la construcción de una mejor sociedad, puede convertirse quizás en nuestro mejor regalo, dejando de lado el consumismo exacerbado que la publicidad trata de incentivar satisfaciendo las carencias de algunos y causando la frustración de otros. El gasto familiar se dispara al llegar la Navidad, de alguna forma se  ha conseguido instaurar en las cabezas de los consumidores una especie de  principio: “Celebrar la navidad requiere ineludiblemente ir de compras”. Según cifras oficiales, los chilenos gastamos en promedio el 60% de los ingresos de diciembre en la Navidad. Según estudio de Bare International, el consumo en nuestro país se distribuirá de acuerdo al siguiente comportamiento: sólo el 11% gastará más de $ 200.000 y la gran mayoría (39%), menos de $ 50 mil. El 39% destinará entre $ 50.000 y $ 100.000. En otro aspecto el estudio evidenció que un 52% de las personas han decidido  disminuir sus gastos personales.  La mayoría se deja llevar por el círculo  de las compras,  los regalos y los compromisos. Hogares y padres “atrapados por el consumo tienen muchas más posibilidades de criar hijos e hijas consumistas”. Entonces, quizás el problema no es de los niños si no de lo que logramos  transmitirles indirectamente. Las familias son las verdaderas responsables de construir cada año un sentido navideño de acuerdo con sus principios, valores e idiosincrasia. Respetando que para algunas familias  la Navidad quizás no tenga importancia o simplemente no se celebre por profesar una determinada religión. Por qué no pensar en la otra Navidad, aquella que se convierta en una verdadera  provocación, un intento  para reflexionar y recapacitar sobre el valor del consumismo en nuestras vidas, como así también de nuestro papel en una sociedad que sitúa en la base de la pirámide de nuestras necesidades solo demasiadas cosas materiales. El espíritu de la Navidad para muchas personas es únicamente un estado de ánimo; para otras, la protección que envuelve al mundo durante los días en que se recuerda el nacimiento de Jesucristo. Aunque muchas personas consideran únicamente una forma de diversión y de acumulación de regalos, sea cual sea el concepto que se tenga sobre la Navidad, es una oportunidad para reflexionar en familia y gozar de cada encuentro o reunión reconociendo y valorando a las personas que están a nuestro alrededor. En nuestra sociedad hemos olvidado que lo más importante en Navidad está precisamente en aquello que no se puede comprar y que dice relación con la capacidad de querer, valorar, entender, tolerar y compadecerse de las demás personas. No puedo dejar de pensar en aquellas personas que este año por diversas circunstancias de la vida no tendrán a sus seres queridos y también en aquellos que estarán separados por la distancia y por las  debilidades humanas, como la cobardía, el egoísmo, la antipatía, la desconfianza, la envidia, el resentimiento y la tozudez. Ojalá que en esta Navidad cultivemos en nuestro momentos de silencio las fortalezas del ser humano (resilencia, curiosidad, creatividad, autocontrol, inteligencia emocional, lealtad y humildad), quizás  así podamos contribuir a crear un país y una sociedad mejor.

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