La paciencia es una ciencia

El
mejor antídoto contra la vorágine de pulsiones, precipitaciones,
improvisaciones, intolerancia, errores… Parece ser la paciencia. Dicen
que se trata de la más grande de las virtudes y que de ella se genera el
respeto, el análisis de aciertos y errores, los avances de la
filosofía, el arte y la ciencia. La paciencia es una cualidad a
contracorriente de esta cultura post moderna de la prisa, la urgencia e
inmediatez, donde, únicamente lo presente y negociable cuentan y
confieren legitimidad. La excitación impulsiva que observamos en líderes
y referentes dentro de una sociedad que acelera la cadencia, nos empuja
a extraer de la caja del olvido a la paciencia.

La
doctrina judeocristiana hizo de esta virtud un pilar de su enseñanza,
tomándola de la propia biblia. Job es considerado el símbolo de la
paciencia y, evangelios, epístolas, salmos y proverbios se refieren a
ella. Durante el apogeo escolástico, Tomás de Aquino la definió en su
Suma teológica como “virtud que se relaciona con la fortaleza e impide
al hombre distanciarse de la recta razón iluminada por la fe y sucumbir a
las dificultades y tristeza”. También otras creencias y doctrinas
filosóficas han reconocido sus méritos. En la masonería, por ejemplo,
desde el momento mismo del ingreso del principiante a la logia, se
enseña y valoriza esta virtud iniciática por ser “gemela de la
tolerancia, freno a la expresión de los instintos, fruto de la
meditación racional y camino de la sabiduría”. Para todo masón, la
paciencia no es espera inactiva, sino período de preparación, de
análisis y de trazado de nuevos caminos.

Curiosamente,
la palabra paciencia es definida como la “cualidad del que sufre”. Pero
como a nadie le gusta sufrir, ni hemos nacido para mártires, aceptar el
sufrimiento se aparenta al masoquismo. ¡Qué espanto!—Me dije—. Pero
luego de analizarlo me resarcí, para concluir que mi juicio era algo
apresurado y estaba pecando de impaciencia. Imaginé al agricultor que
espera la lluvia y el sol para que los árboles germinen, y al
investigador en su laboratorio que, tras años de experimentos
frustrados, aún no logra los resultados anhelados. Pensé en los años que
cuesta encontrar una vacuna, o adoptar energías limpias; y hasta en
aquel “avivado” que no espera su turno y se salta la fila, atentando
contra la paciencia ajena. Sabido es que debemos esperar que los árboles
crezcan para cosechar sus frutos, que nueve meses tarda el embrión en
salir del útero materno, que la leyenda dice que fueron cuarenta los
años del éxodo, que nuestra humanidad busca siempre mejores condiciones
de justicia, pero que las conquistas sociales se solidifican con el
tiempo.

Pero
ni el agricultor ni el investigador, tampoco el embrión o los seres
humanos, esperan pasivamente que los hechos se produzcan por si solos.
La paciencia no debe confundirse con bajar los brazos en espera que las
soluciones lleguen. La virtud es, justamente, estar en una actitud
activa para hacer madurar la conciencia, ser perseverante para alcanzar
la meta, persistente frente la adversidad que cierra los caminos. Es
soportar, conscientemente, sin alterarse, que todo ciclo tiene su fin,
pero que podemos también acelerarlo, que toda espera fortalece cuando
mantenemos la esperanza y establecemos prioridades y límites.

Creo
que aún existen los optimistas que anhelan extraer esa virtud del
escondrijo donde la han puesto los modernos impacientes. La paciencia es
también “paz ciencia”, paz para la ciencia; expresión que deberíamos
pensar más de dos veces. Ayudar a instalarla y anteponer paz y ciencia a
la precipitación de quienes creen inventarlo todo con la velocidad del
rayo, pareciera ser un desafío en este recorrer precipitado que
enceguece. Resulta preocupante que, frente al descontrol, la
improvisación y los errores, tardemos tanto en actuar en favor de la
cordura. Habrá entonces que armarse de mesurada paciencia —esa que es
activa y reflexiva—. Con ella, probablemente, evitaríamos el grito
airado y masivo que mañana podría decirnos: “se nos acabó la paciencia”.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS