Recuerdo
los tiempos horribles que vivimos en donde el odio y la saña recorrió
la Patria y cobró miles de víctimas. Me acostumbré -lo confieso- a creer
que esa pesadilla había terminado y convencido (mejor dicho engañado,
como casi todo el país), pensé que con la vuelta a la democracia todo
volvería a ser como antes: tendríamos justicia social, oportunidades,
esperanza, educación, salud, vivienda, trabajos dignos, pero al poco de
disfrutar las supuestas bondades del Arcoíris,
la saña de la avaricia volvió a recorrer nuestro suelo y nos fueron
llevando a un estilo de vida en donde la precarización en todos sus
aspectos, se convirtió en realidad… Allí quedaron los paladines de la justicia, los defensores del pueblo… Como
todos, vieron la oportunidad de seguir explotando a la ciudadanía y en
vez de arremeter contra el modelo que nos llevaba a los límites de la
pobreza y marginación, nada dijeron y siguieron prestándose para
continuar instalando un estilo de vida que tarde o temprano tenía que
reventar aunque dijeron (todos) que “no lo venían venir”… La
democracia, para estos ¿servidores públicos?, se convirtió en el nuevo
emprendimiento y muchos, muchísimos (traidores ya a estas alturas),
olvidaron sus buenas intenciones y atacaron sin descaro alguno a su
propia gente: privatizaron todo por recibir algunos aplausos de los
dueños del país, se acostumbraron y normalizaron la explotación de
nuestra gente y nada hicieron por mejorar la calidad de vida de todos y,
lo peor, se paseaban de un directorio empresarial a otro, brincaban de
un ministerio a otro, y se convirtieron en los “yes man” de los que
supuestamente eran sus adversarios… Arrasaron
con nuestras riquezas, abandonaron a los más desposeídos, encontraban
natural esconder bajo la alfombra los millones de pobres que iba
generando su indolencia, nada decían acerca de las casas miserables e
indignas que entregaban, de los consultorios, hospitales, escuelas, es
decir, normalizaron el abuso bajo el pretexto de un supuesto crecimiento
económico que nos situaba como “modelo” a seguir. Nos endeudaron a
decir basta, nada dijeron acerca de colusiones y abusos porque muchos de
ellos trabajaban en esas corporaciones, nunca tocaron la banca ni menos
esta horrenda Constitución… El
ejército de funcionarios crecía y crecía hasta el punto de permitir que
por segunda vez eligiéramos a un prófugo de la justicia como
mandatario. Llegaron al parlamento y metieron a sus parientes, amigos,
se dejaron comprar asquerosamente, promulgaban leyes que les dictaban
sus dueños,
los empresarios y, si alguien reclamaba, nos decían que gracias a sus
acuerdos, a la política de los consensos, Chile avanzaba hacia el
progreso y el Edén prometido… Desoyeron
y acallaron cualquier manifestación popular, las minimizaban, eran
“unos cuantos descontentos”, los “mismos de siempre”, los que “no se
contentan con nada” y, justificándose siempre, seguían trabajando en sus
cocinas políticas mientras el pueblo sufría y sufría… Olvidando
todas sus diferencias, se sentaron y pactaron un salvavidas para Piñera
que ya a esas alturas demostraba ser uno de los peores presidentes. Eso
de “vamos a cambiar Chile” ya a estas alturas es un chiste cruel, pero
¿qué se puede esperar de quienes sin asco traicionan las voces de la
calle?… Hoy
siguen varios con ese estilo y, cuando veo mi ciudad, cuando veo mi
comuna, constato la misma lógica del gobierno del innombrable: mentiras,
engaños, luces, destellos, pero el abandono existe, la pésima
conducción existe, la mala gestión es más que evidente. Se instaló el
“piñerismo” en nuestra ciudad y pocos levantaron sus voces, los dejaron
hacer aplicando la misma táctica de las últimas elecciones: aparecer
como salvadores, pero, mucha gente no les cree. Si no fuiste capaz de
defender y detener el “piñerismo” comunal, menos lo vas a hacer ahora.
Como ciudad nos merecemos otra oportunidad y no dejar en manos de
oportunistas y mentirosos los destinos de nuestras vecinas y vecinos. No
más de lo mismo, más que cansados con los acuerdos políticos y
absolutamente en contra de los “piñeristas” que tanto, pero tanto daño,
han hecho a nuestro país y ciudad. Para todos, como siempre, un abrazo.
P.D.:
menos para los vendedores de humo y para los que siguen aplaudiendo al
peor presidente de las últimas décadas. Usted decide.