En la actualidad hemos visto cómo se ha acrecentado la pérdida de valores. Con el vandalismo y destrucción ocurridos
durante el estallido social nos dimos cuenta de que los tiempos han
cambiado mucho. Los valores y la formación que cada individuo tiene son
fundamentales para el bienestar de una comunidad, para que exista una
sana convivencia. De lo contrario, una comunidad no logra funcionar de
manera satisfactoria. Hemos percibido claramente que en los grupos a los
cuales pertenecemos hay fallas, y ello muchas veces se debe a la falta
de valores compartidos, lo que se refleja en falta de coherencia entre
lo que se dice y lo que se hace. Esto último es sumamente importante,
por ejemplo, en el éxito de la convivencia escolar de los colegios. Los
valores presentes hoy cobran una importancia
relevante en la vida del ser humano donde hay tanta premura por lo
material, lo económico y los intereses personales. Todavía creemos que
todas las esferas de la vida humana están sustentadas en valores,
fenómeno complejo y multifacético que algunas personas ostentan más que
otras, que algunas poseen y otros no. En esencia, los valores tienen su
génesis en la sociedad y la familia, pero sobre la base del ideario que
ha caracterizado al ser humano en cada etapa de su vida, consolidado en
la escuela, cuyo papel regulador es esencial en el desarrollo social e
individual. Los valores nos permiten interactuar
de manera armónica, en el trabajo, con la familia y con los amigos.
Ellos influyen en nuestra formación y desarrollo como personas.