La política del todo vale

Esta semana conocimos la propuesta de un grupo de parlamentarios y un ex candidato presidencial que pedían adelantar las elecciones presidenciales. A mi juicio, quienes hicieron ese planteamiento no merecen ser llamados demócratas pues, tras su “propuesta”, se esconde el propósito de acabar por secretaría con un gobierno elegido democráticamente, en un afán desmedido de protagonismo y de una supuesta “sintonía” con la gente. Afortunadamente, la iniciativa recibió un rechazo transversal.

Este Gobierno pasará a la historia como uno de los peores y, coincidentemente, Sebastián Piñera como uno de los presidentes más malos que han pasado por La Moneda. Su falta de empatía con el dolor de quienes se han visto afectados por la pandemia, las medidas tardías y mezquinas que ha presentado para responder a las necesidades de las familias chilenas y la manera errática en que ha asumido el estallido social son evidentes, pero eso no puede justificar que se socave nuestra democracia con ideas populistas e irresponsables. El Presidente, nos guste o no, fue electo de manera democrática y debe completar su mandato.

A raíz del debate por el segundo retiro del diez por ciento, se dio el inédito caso de que el mismo día, el jueves pasado, en el Senado votamos dos proyectos sobre la materia. Uno del Gobierno y otro que venía de la Cámara de Diputados (reforma constitucional). Finalmente, se aprobó el del Ejecutivo luego que los senadores oficialistas se abstuvieran y no se alcanzaran los votos necesarios para la reforma constitucional.

Junto a dos senadores de oposición (PS y DC) habíamos advertido que este era un escenario posible y por eso el martes nos habíamos abstenido de votar en las comisiones unidas de Hacienda y Trabajo cuando se vio la iniciativa, razón por la que fuimos duramente criticados por nuestros pares y también en redes sociales. Si hubiéramos rechazado en aquella oportunidad la propuesta del Gobierno, que luego mejoramos dejándolo prácticamente igual que la reforma constitucional, probablemente hoy estaríamos lamentando que no hubiera posibilidad alguna de obtener el segundo retiro. Sabiendo todo esto, hubo senadores de oposición que votaron en contra solo para darle un nuevo golpe al Gobierno, sin que importaran las consecuencias para las familias que contaban con el segundo retiro.

Estos son solo dos ejemplos de la manera en que algunos parlamentarios y parlamentarias están enfrentando la labor legislativa, donde muchas veces pareciera que importa más lograr el aplauso fácil y algunos likes en las redes sociales, que la responsabilidad que nos cabe a cada uno de nosotros de legislar pensando en el bien superior del país y de las personas, antes que en la pequeña ganancia política.

No cabe duda de que estamos viviendo tiempos de crispación social en que existe mucha presión por dar solución rápida a muchas de las demandas que surgieron durante el estallido social y que, quienes estamos en el Congreso, tenemos que estar a la altura de esa exigencia. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por la marea de un lado a otro cuando, lo que nos corresponde, es mantener la cabeza fría y resistir el impulso de transitar por la ruta fácil pero peligrosa del populismo que, una vez desatado, arrastra a los países hacia aguas turbulentas de las que es muy difícil salir.

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