Las
voces para sembrar esperanza ante la pandemia que azota al mundo se
multiplican y se aprecian con mayor sensibilidad. Una de ellas, la
particular voz del cantante, músico, escritor y productor musical
italiano Andrea Bocelli, que en la impresionante Catedral de Milán
(vacía por razones obvias) y aprovechando sus paredes de ladrillo y
mármol de Candoglia, con ayuda de la acústica transporto para todo el
mundo, un simbólico concierto de media hora. Comenzó con un breve
discurso, expresando “que creía en la fuerza de rezar juntos” y en la
“Pascua como símbolo de renacimiento tanto para los creyentes como no
creyentes en un momento en el que siente la necesidad”.
Así
es, se siente el miedo y la necesidad no solo material, también de un
cierto grado de humanismo, falta que se representa en personas que no
respetan las directrices sanitarias en beneficio y protección de la
comunidad. Como el joven diagnosticado y en cuarentena, que
participaba de una fiesta en un sector ABC1, quien con grados de no
precisamente alcohol gel encima, increpó violentamente a la autoridad;
helicópteros con personas que sintiéndose sobre la ley se desplazan para
pasar un week-end en la costa, con la silente complicidad de la
autoridad aeronáutica respectiva, que aún no entrega las identidades
para conocimiento de la opinión pública. Se podría afirmar por sus
actitudes que son verdaderos delincuentes (sanitarios).
Como
dijo un académico y analista “esa gentes in gusto, ni originalidad, ni
identidad” – esos que son puros imitadores –“que introdujeron préstamos
lingüísticos como Sanhattan”, los que pese a mucha “expensive
University”, siguen siendo incultos, ignorantes e inconscientes con su
país y comunidad en general, si es que saben que esta existe. Un
académico los denominó como los – “flaites ricos” – , que contrastan
muchas veces con sus propios alcaldes, que cámaras más o fotos menos,
muestran preocupación o conmiseración con el prójimo en estos momentos
particularmente difíciles.
Como
así también contrastan con los funcionarios públicos y personal de
hospitales que siguen trabajando por el bien de la comunidad, personas
que a su vez tienen familia o seres queridos por los cuales velar.
Mientras
el resto de la comunidad siente alarma, algunos inconscientes no tienen
límites, lo cierto es que hasta que las víctimas no tengan cara, nombre
y apellido algunas personas no sentirán dolor.
Todos
los países están angustiados, en Europa, Ursula Von der Leyen,
Presidenta de la Comisión Europea, expreso – “Sé que es difícil y que el
confinamiento es una carga, pero es una cuestión de vida o muerte.
Debemos ser disciplinados y pacientes” -. Por otra parte, los filósofos
ahora, más activos que nunca en sus respectivos países y comunidades,
afirman que la cuestión en el debate filosófico es, – ¿Cuál será el
rumbo que tomará el planeta cuando baje de intensidad la crisis? -, el
presupuesto común es que el mundo cambiará tras la pandemia.
Siendo
lo primordial la preocupación por los temas sanitarios para salvar
vidas, muchas voces intelectuales hablan del regreso en gloria y
majestad de Keynes (John Maynard Keynes-1883 – 1946 – el economista
británico más influyente del siglo XX) y sus teorías, cuya idea
fundamental se basa en la intervención estatal para lograr estabilizar
la economía, aumentando los niveles de empleo y producción,
principalmente mediante el aumento del gasto público en períodos de
desempleo. Anunciando a su vez la muerte del neoliberalismo (en su
versión más ideológica y codiciosa), que al parecer se olvidó que las
personas viven en comunidad y no son seres puramente individuales
regidos por la premisa del “sálvese quien pueda”. Totalmente diferente a
la libertad responsable de la “economía social de mercado”.