¿Un camino hacia la democracia o la derrota política? El reciente llamado del senador del Partido Comunista, Daniel Núñez, a ejercer presión ciudadana para impulsar las reformas del gobierno ha generado un debate acalorado sobre los límites de la política y el funcionamiento de la democracia en Chile.
Este llamado, que algunos ven como una estrategia legítima de expresión ciudadana, ha sido criticado por otros como un intento de imponer la voluntad de unos pocos sobre la mayoría. Y esto último es verdad.
Presionar para que se adopten ciertas medidas no es necesariamente ejercer la libertad de expresión, es, en esencia, intentar forzar decisiones que son de la política a través de la movilización de grupos de interés.
La libertad de expresión es fundamental en cualquier sociedad democrática, pero la presión ciudadana, planteado en esos términos por el parlamentario comunista, puede distorsionar el proceso político al representar una minoría ruidosa como si fuera una mayoría abrumadora, como se vio en el estallido social de 2019, de quienes apoyaron a la primera línea. No olvidar que en ese año sí existieron movilizaciones pacíficas, masivas, con demandas legítimas. Es importante separar.
Es importante recordar además que los mismos líderes que ahora están planteando esta presión en Chile una vez respaldaron a la llamada “primera línea” durante el estallido. Esta postura del senador revela la naturaleza voluble de la política y la conveniencia de los discursos según el contexto. El llamado a la presión ciudadana es una manifestación de la falta de consenso y diálogo en la arena política chilena. En lugar de fomentar la presión, tanto el Partido Comunista como el gobierno debería buscar acuerdos y compromisos que reflejen los intereses y necesidades de la mayoría de los ciudadanos. La imposición de reformas unilaterales, especialmente bajo la amenaza de la violencia, sólo profundiza las divisiones y la polarización en la sociedad.
El llamado del senador Núñez también es preocupante porque sugiere un desdén por las instituciones democráticas y una inclinación hacia prácticas autoritarias. La propuesta de gobernar por decreto, ignorando el papel del Congreso, es un claro indicio de la erosión de las normas democráticas y el respeto por la separación de poderes. Por eso es importante que el gobierno, en lugar de minimizar este tipo de declaraciones irresponsables, debe abordarse con seriedad y reafirmar su compromiso con la democracia y el estado de derecho.
Chile merece un liderazgo político que promueva el diálogo, la tolerancia y el respeto por las instituciones democráticas, en lugar de contribuir a la polarización y la división. En un momento en que la estabilidad política y social de Chile está en juego, es crucial que los líderes políticos actúen con responsabilidad y busquen soluciones consensuadas que beneficien a toda la sociedad.