En
el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se
conmemora cada 10 de septiembre, se vuelve importante ampliar las
conversaciones sobre este fenómeno. Si bien inicialmente puede generar
incomodidad, el hablar sobre el suicidio no aumenta su incidencia; más
bien, puede favorecer su prevención.
Este
fenómeno se origina desde múltiples factores, de tipo biológico,
psicológico y social. Algunos factores de riesgo asociados son la
historia de intentos suicidas previos, sentimientos de desesperanza y
soledad, uso perjudicial alcohol u otras drogas, cursar con cuadros
clínicos de salud mental (episodios depresivos, trastorno de estrés
postraumático, trastornos de personalidad, entre otros), antecedentes
familiares, experiencias vitales adversas (como términos de relaciones
de pareja, procesos de duelo, preocupaciones económicas) y percepción de
baja red de apoyo efectiva.
La
acumulación de estos factores, en ciertos contextos, puede estar
relacionada con el pensamiento de no tener salida frente a la vida y con
un alto nivel de sufrimiento psíquico. Aunque se ha descrito una
asociación con ciertos factores demográficos, como género, estado civil y
edad, esta situación puede afectar a personas de cualquier edad,
circunstancia o historia personal.
El
estigma en torno al tema dificulta su abordaje, haciendo más complejo
brindar alivio a quienes lo necesitan. Sin embargo, existen factores
protectores, como los recursos asociados a la personalidad, que incluyen
la disposición y capacidad para pedir ayuda, las habilidades sociales,
la percepción de autoeficacia y la capacidad de reconocimiento
emocional. Además, una red familiar disponible, buenas relaciones de
amistad y un estilo de vida saludable son factores que a menudo se
potencian durante los procesos de tratamiento en salud mental.
Es
necesario crear un espacio seguro para conversar sobre el suicidio y
trabajarlo: sin prejuicios, escuchando activamente, preguntando por las
necesidades particulares y facilitando acceso a dispositivos de salud,
si así corresponde.
Existen
estrategias para su abordaje según cada caso en particular. En su
tratamiento, se busca la reducción del sufrimiento psíquico, el
desarrollo de factores protectores, el bienestar general y el fomento de
las redes de apoyo y factores sociales. El conversar, compartir,
conocer y comprender, puede traer alivio y nuevas herramientas frente al
sufrimiento.
La
prevención del suicidio es tarea de todos: individual, familiar, social
y colectiva. Es importante atreverse a pedir ayuda, compartir estas
emociones, recibir el tratamiento necesario y potenciar nuestras redes
de apoyo. Tomar un paso a la vez, como buscar apoyo en momentos de
crisis, puede ser el primer paso para reducir el sufrimiento.