La razón y la pasión

Se
ha formalizado lo que ya todos conocíamos o estábamos en condiciones de
saber: el texto del proyecto de nueva constitución que se plebiscitará
el próximo 4 de septiembre.


Hacer un análisis de contenido de las normas daría para demasiados y
aburridos días de exposición. Todo el país está pendiente del tema
constitucional, y desde ya más de dos años, pero no solo la ignorancia
es proverbial y es así porque nadie que no haya estudiado los temas está
obligado a saber, sino porque es otro de los grandes temas de
manipulación colectiva de opinión pública, esta vez el tratar de darle
una apariencia jurídica, de Derecho Constitucional, a un conflicto
político y de poder, político en lo que va más allá de nuestras
fronteras y soberanía. Porque leía hace pocos días una entrevista a una
constituyente, abogado, que decía que las normas relativas a hacer de
Chile un Estado plurinacional, dividido en varias naciones y territorios
autónomos, “respondía a las exigencias de la ONU al respecto”. Porque
esto es parte de lo que muchos soslayan interesadamente o prefieren no
saber, la intromisión supranacional en nuestros asuntos dentro de las
concepciones para establecer un nuevo orden mundial que supedite a los
Estados. Y el proyecto de constitución es eso, una sumisión de nuestra
soberanía esencial, a los dictámenes de los órganos que pretenden regir
al mundo. Lo que se ha hecho no es ni puede ser una constitución
política, una constitución no tiene por función refundar un país creando
otro nuevo, un “país imaginario”. Los seres humanos, aunque queramos,
no podemos cambiar el pasado, la ingeniería social y política no puede
llegar a tales extremos.


Por lo mismo, acaso es inadecuado pretender hacer de esta una contienda
que sabemos será áspera, entre contenido de normas escritas y su
significado. Porque para entender realmente este proyecto de nueva
constitución debemos “desconstitucionalizarlo”, a fin de verlo como lo
que realmente es: un instrumento de diseño de un nuevo régimen político,
económico, social y cultural cuyo carácter sus autores formales no
niegan y por ello hablaron desembozadamente de la refundación de Chile,
conforme a los parámetros de la ONU que oficialmente estuvo “asesorando”
a la convención. No veo de donde salió la solvencia de Naciones Unidas
para asesorar materias jurídicas constitucionales, lo que está fuera
absolutamente de su giro, experiencia y conocimientos, pero impresiona a
los incautos y a los obnubilados por el globalismo que nos acosa en los
últimos años. Recuérdese la agenda 2030 de la ONU cuya base es la
supeditación de los estados a una nueva forma política global. Esto es
un experimento.


Pero no pretendo que la gente entienda y menos acepte que el tema
constitucional está dentro de la conspiración mundialista, ya que suena
aterrador. Entonces, y siempre obviando caer al análisis normativista
para que realmente se entienda lo que está en juego, que no es el
clásico debate-que tampoco lo hubo- de derechas e izquierdas. La causa
por la cual muchos se manifiestan incluso imprevisiblemente por el
rechazo, lo digan o no, y mucho más allá de la clase política, es que en
este plebiscito se enfrentaran visiones diferentes del mundo, del país y
de la vida misma, la razón contra la pasión de un grupo revolucionario
que cree que un país puede ser construido desde arriba, desde el poder,
previo haberlo deconstruido.


Desde ya muchas personas, más allá de las encuestas, perciben el
error, por decir lo menos, de alterar y cambiar la realidad y las vidas
de millones para imponer un sistema que no va a resultar, que hará un
profundo daño a nuestro ser y a nuestro ethos, traducido en sufrimiento a
millones y por generaciones acaso. Esto es una revolución en el
estricto sentido de la palabra, y las revoluciones siempre fracasan,
pero ese fracaso se trata de ocultar al final, a cualquier costo, con
mucho sufrimiento derivado de la soberbia humana. En pocas palabras, se
trata de hacer creer a la ciudadanía y así convencerla de aprobar, que
con leyes se cambia la realidad y las personas son felices y todo es
justicia y bondad. Veremos quien triunfa en este enfrentamiento, la
razón, o la pasión revolucionaria.

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