Al
esperar una Cuenta Pública presidencial se generan expectativas tanto
en lo político como en la ciudadanía, puesto que se esperan anuncios y
desafíos que van a marcar el término de la gestión, y esta vez no fue la
excepción.
Se
sabía que esta Cuenta Pública iba a ser diferente, primero porque el
año 2020 estuvo marcado por la crisis sanitaria, económica y social, y
además porque es la última en la gestión del presidente Sebastián
Piñera.
No
se puede desconocer que el último año ha sido particularmente complejo,
pero aun así hubo compromisos del programa de gobierno que se pudieron
cumplir y que, dentro de toda la adversidad, nos da esperanza para que
la siguiente administración les dé continuidad a estos significativos
avances.
Es
probable que haya muchos incrédulos que señalarán la falta de avances o
intentarán mostrar que, a pesar de los esfuerzos, nada fue suficiente.
Pero hay que ser justos; si bien es cierto se tuvieron que modificar las
prioridades, no se dejó de trabajar en materias tan importantes como la
defensa de los derechos
de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país, a quienes se les
prometió ponerlos primero en la fila, mejorando el sistema de protección
de la infancia y terminando definitivamente con la institución del
Sename, porque tal como lo señaló el presidente Sebastián Piñera, no hay
un lugar que pueda reemplazar el núcleo familiar y la protección que
este nos entrega a lo largo del desarrollo.
Y
frente a la misma materia, el Presidente realiza una profunda reflexión
de lo que ha sido la necesidad de conectarse con la ciudadanía, de
sintonizar con las nuevas generaciones, donde se deben respetar las
libertades y las elecciones de cada uno/a, dignificando las uniones
familiares independientemente de la composición de las mismas, de modo
que se pueda garantizar un espacio que goce de garantías y derechos, que
permitan la durabilidad en el tiempo y entreguen estabilidad en las
familias chilenas.
Porque
la libertad no puede tener matices, debemos velar porque cada una de
las personas que habita nuestro país tenga el espacio y la oportunidad
de expresarse de acuerdo con sus intereses y convicciones.
Nos
quedamos con un discurso que apunta al trabajo conjunto y colaborativo,
reconociendo las gestiones anteriores y resaltando la responsabilidad
que se debe tener al momento de tomar decisiones, dado que estas serán
el cimiento con el que se iniciará administración del año 2022.
Pero fuera de lo
logrado y lo anunciado, no debemos olvidar que aún queda un poco más de
nueve meses para terminar la actual gestión gubernamental, por lo que
no podemos olvidarnos de los desafíos planteados, lo que, sin lugar a
duda, nos deja grandes expectativas en lo que se refiere al
enfrentamiento de la pandemia y todo lo que a esta se asocia.
Pero
para cumplir con lo que se señaló no solo se requiere del liderazgo de
un Presidente y de sus equipos de trabajo, sino también de una oposición
que pueda dialogar con visión de futuro, que pueda poner como prioridad
las necesidades de las familias chilenas y que no esté permanentemente
criticando las propuestas que buscan fortalecer el sistema de apoyo que
hoy tantos chilenos y chilenas necesitan.