La República, que concepto más importante a veces tan manoseado y restringido. Normalmente estamos acostumbrados a escuchar la palabra, solo desde una perspectiva formal, que a la mayoría de las personas no les transmite nada. Se habla de las instituciones republicanas o los cargos de la república, como algo que siempre está ahí. Más aún existen algunos arrogantes que se definen o hablan de sí mismos, diciendo “soy republicano, mi actuación es un acto republicano”. Sería mejor que esto, si hubiese algún indicio de actitud republicana fuese reconocido por los demás y no un verso repetitivo y autorreferente. He conocido en mi vida algunas personas que se definían como republicanos (por favor no me refiero a un partido político, que he escuchado), me refiero a simples ciudadanos que por azares de la vida, tráfico de influencia y lobby de por medio, han llegado a ostentar un cargo y se autodefinen como tales. Situándose sobre el bien y el mal, como si fuesen impolutos, que nunca cometen errores. El profesor de filosofía del derecho, abogado, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2009, Agustín Squella, reflexiona sobre este y otros conceptos en su libro “Democracia. ¿Crisis, decadencia o colapso?” En una entrevista reciente afirmó que la República se ha ido reduciendo, solo a “cuestiones protocolares cuando, en verdad, la República es aquella donde los gobernantes y ciudadanos trabajan para el bien común, el bien colectivo, el de todos, no el de los pocos, y ni siquiera para el bien de la mayoría”. No es mi intención en estas líneas generar un abordaje completo del concepto República, solo unas pinceladas para decir que siempre debe ser cuidada, actúan en colisión en destrucción de esta, sus opuestos los regímenes personalistas, dictatoriales, totalitarios y algunos monárquicos, todos aquellos en los cuales existe poder concentrado y poca o nula atención a la ley. También esta afectación del concepto república se da en algunos espacios, nichos, guetos y opacidades que presentan algunas instituciones de nuestro país. Por eso en una república existe la idea peligrosa de que toda concentración de poder presenta riesgos de abusos potenciales, por lo cual debe evitarse y denunciarse. El elemento democrático de la república es de acuerdo a la teoría un gobierno de representación general, el cual es elegido por medio de elecciones de candidatos en competencia, que tienen una duración determinada en sus cargos, repitiéndose después las elecciones. La tan llamada alternancia en el poder, que la apreciamos relativamente en el caso de los Presidentes, pero no así en los demás cargos de representación popular como senadores, diputados y alcaldes. En su chilenismo me expresaba un amigo, “se repiten el plato”. Hay personas que están en el Congreso desde los años 90. Los cargos de representación popular incluidos los alcaldes deberían tener un límite, permitiendo que otras personas interesadas en la cosa pública, también tomen la posta. Los conceptos de democracia y república, a menudo se confunden con facilidad. Existen elementos en una república que ponen frenos a los abusos que pueden sucederse en una democracia, cuando se pretende implantar exclusivamente la voluntad de la mayoría sea la que sea. La democracia debemos valorarla profundamente para que no sea presa fácil del populismo y la demagogia, que a veces encanta como sirenas, con ropas de izquierdas y derechas, hablando siempre para la galería. En Chile, a veces nos cuesta distinguir entre los problemas del Estado, el bien común y el legítimo programa de una coalición que ha logrado el poder en las urnas. Pero es un imperativo recordar que el bien común, es un asunto permanente que supera a un periodo de gobierno. No se trata como dice el profesor Squella, de hacer promesas que no se pueden cumplir, “hay políticos democráticos que afirman con liviandad que están en la política para hacer más felices a los pueblos. Ciertamente la política no se hace para hacer más felices a los pueblos. Los gobiernos, los parlamentos a duras penas consiguen proveer bienestar a las personas y desarrollo a los países. Para qué van a echar sobre sus hombres la carga de la felicidad”. ¡Qué hacemos por el bien común!