El
varamiento de ballenas, según estudios recientes, ha ido en aumento en
los últimos 50 años, y si bien en muchos casos se debe a fenómenos
naturales, tal como se señala preliminarmente para el varamiento en
Caleta Eugenia, sorprende la frecuencia y aparente mayor distribución
geográfica de estos hechos. Las ballenas son indicadores del estado de
los océanos, y el empeoramiento de las condiciones naturales en una
determinada zona se ve reflejado no sólo en la salud de estos grandes
mamíferos, sino también de todo el conjunto de organismos que conviven
en ese mismo ecosistema.
Junto
con el aumento de varamientos, la supervivencia de estas especies se ha
visto fuertemente amenazada por diversos factores como el empeoramiento
de las condiciones del agua, colisiones con embarcaciones, la
desorientación generada por el aumento de ruido ambiente, entre otros.
Un ejemplo es el estudio publicado recientemente por el Centro Ballena
Azul que reveló imágenes de la fuerte presión a la que se ven sometidas
las ballenas por el intenso tráfico marítimo existente en importantes
zonas de alimentación o de tránsito.
A
pesar de que la actividad pesquera es intensa, muchos de los recursos
marinos se encuentran sobreexplotados o agotados. Desde la zona de Isla
Madre de Dios hacia el sur en la plataforma continental, operan
alrededor de 12 barcos de tipo industrial que capturan bacalao, merluza y
congrio. Sin embargo, según información de Sernapesca, entre todos los
barcos no alcanzaron la cuota total de bacalao de profundidad asignada
para el año 2019. Todas las especies capturadas por la pesca industrial
en esta zona están sobreexplotadas o agotadas.
Sin
duda es necesario una mayor concientización y conocimiento de los
océanos y una responsabilidad civil de todos los ciudadanos y en
especial de la industria para ser amigables con el medio ambiente.
Asimismo, se requieren acciones concretas a través del Estado como, por
ejemplo, lograr una reglamentación que signifique reducir la velocidad
de las embarcaciones en las zonas donde hay presencia de cetáceos,
además del fortalecimiento del Estado a través de mejores presupuestos y
capacidades para poder administrar las áreas marinas protegidas y la
vigilancia de nuestro mar.
Se
reconoce a nivel internacional que las Áreas Marinas Protegidas (AMP)
proporcionan importantes beneficios sobre la biodiversidad, pero también
aportan beneficios económicos incuestionables. El ecoturismo en las
áreas protegidas proporciona entre 4 a 12 veces mayor aporte económico
que la industria pesquera. Por otro lado, las AMPs permiten un aumento
de los peces en las zonas adyacentes, reportándose también beneficios en
la pesca.
Un
desafío inminente y concreto es crear parques marinos que nos permitan
proteger diferentes ecosistemas marinos costeros y la plataforma
continental al más alto nivel. La creación de nuevas AMP en la región de
Magallanes, aseguraría la conservación de la biodiversidad y de los
procesos ecológicos en el medio marino, también promoviendo el
desarrollo de actividades económicas de forma sustentable a largo plazo.