La tercera es la vencida

Con
la contienda electoral viento en popa, los chilenos continúan atrapados
entre dos opciones excluyentes. Y cuando los seres humanos nos vemos
enfrentados a este tipo de disyuntivas la sensación que provoca no es
agradable, porque la vida misma está compuesta esencialmente de matices y
tonalidades; el mundo no es blanco o negro ni compuesta de santos o
demonios. Por eso la elección del 04 de septiembre próximo es casi anti
natural y no es propia de lo cotidiano. Decidir si nos quedamos con una
Constitución que ampulosamente ofrecen como la primera hecha en
democracia, como si eso por esencia la santificara o la hiciera
infalible en su pretensión omnicomprensiva. Si todo aquello que se
elabora en democracia fuera virtuoso per se, entonces estaríamos
viviendo sin lugar a dudas en el paraíso. Pero resulta que no, que a
pesar que fue hecha en democracia con las salvedades que todo el mundo
conoce, el proyecto de Constitución no representa el ser ni el sentir de
los chilenos que sin cargos ni títulos sostienen la patria día a día.
Entregar a pueblos que se les llama originarios autonomía para
administrarse política y económicamente; para tener sus emblemas a la
par que los chilenos; que se les garantice de manera preferente la
restitución de tierras, lo que puede abarcar grandes extensiones del
país que aún tenemos en pie; en fin, autonomía para decidir su futuro y
que luego ingenua o maquiavélicamente se diga en el proyecto que se
garantiza la unidad territorial, es semilla fértil para conflictos
políticos e incluso conflictos armados con el Estado chileno y que puede
incluso llevarnos a serios problemas con nuestros vecinos.
La
garantía de la tenencia y no el dominio que dispone el proyecto sobre
las viviendas sociales, no hace sentido a millones de personas que ven
con frustración como el sueño de la casa propia es abortado por la
propuesta constitucional. La Justicia, el sistema político, el aborto
libre, el fin del Senado y tantas otras materias no convencen a una
mayoría del país, todo lo cual ha hecho que el propio Gobierno en
conjunto con partidos oficialistas estén preparando reformas a un
proyecto que aún no ha sido votado. Antes incluso que el país se
pronuncie, quienes nos gobiernan pretenden comprometerse en hacerle
cambios al proyecto. Con el historial de cambios radicales de opinión
realizados en poco tiempo además, el Presidente Boric no da garant
ías
de seriedad ni de cumplir su propia palabra. Quien ha señalado que el
proyecto le parece perfecto y que no necesita cambios, es el Partido
Comunista, cuya posición se encuentra en el extremo izquierdo del arco
político nacional.
Por
el otro extremo hay quienes pretenden que de ganar la opción Rechazo no
debe elaborarse otro texto constitucional. Pareciera que se quedaron
petrificados en un mundo que nos guste o no, ya cambió y por lo mismo
estiman que el texto constitucional sólo necesita reformas. El Partido
Republicano desatiende la opinión mayoritaria de país que ya sacudidos
del odioso y tedioso proceso constitucional en curso como de la
Convención Constitucional, sólo quiere una Constitución de consenso y en
donde intervengan expertos serios y reputados.
Ni
el proyecto de Constitución defendido a ultranza por el Partido
Comunista, ni la Constitución vigente también defendida a ultranza por
el Partido Republicano son la vía del reencuentro entre los chilenos. La
realidad muchas veces se impone y sin perjuicio de enarbolar los
principios de una sociedad libre, atender el sent
ir mayoritario de los chilenos debe ser una prioridad.

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