La tercera guerra mundial y la nueva constitución

Dicen
que la realidad supera a la ficción. Y esta semana, y pese al notable
silencio de las informaciones, y de la desinformación de lo que ha
ocurrido y ocurrirá o puede ocurrir, los chilenos nos estamos
despertando a la realidad, o al menos deberíamos hacerlo, que no hemos
querido ver, habiendo preferido sumirnos como autómatas en la ficción
política que arrasa nuestro país. Pero, cual piezas de rompecabezas, los
hechos comienzan a encajar. Así, cuando están cada día más a la vista
las evidencias que el mundo ha entrado en una verdadera guerra mundial,
seguimos empecinados en una nueva constitución y pensando que como país
nos salvaremos en la próxima elección presidencial. El avestruz esconde
la cabeza frente a las dificultades, y no hay peor cie
go que el que no quiere ver. Sobrevivir es el verbo, y este no es el camino.

El
mundo ha tenido oficialmente dos guerras mundiales, en los tiempos en
que aun las guerras se declaraban formalmente, hacia otros Estados. Hoy
en día, aquellas ya no se declaran, pero si se asumen, y existen. Es lo
que ha hecho Israel después del ataque terrorista del último sábado, es
lo que dijo Sebastián Piñera el 18 de octubre de 2019, “estamos en
guerra contra un enemigo poderoso”, y después se olvidó por completo, no
asumió lo que había dicho. Y así fue que Chile hasta aquí sigue
perdiendo esa misma guerra. Esa guerra no asumida puso a Boric en el
poder, y a su séquito neocomunista, todos declaradamente enemigos de
Israel, pero sí fervientes partidarios del nuevo orden mundial que
pregona la agenda 2030 de la ONU, que pretende la desaparición de los
estados nacionales soberanos y el establecimiento de un gobierno
mundial, con control de la población, los recursos, las riquezas.

No
es simple precisar el inicio de esta nueva guerra mundial, que sin duda
tendrá características diferentes de las anteriores diferencias
derivadas tanto del desarrollo tecnológico, cantidad de población y
crecimiento material, sino también del hecho innegable que como toda
guerra tiene motivaciones económicas. El cuestionado Papa Francisco lo
declaró claramente hace unos cuatro años (“Vivimos la tercera guerra
mundial, por capítulos”). Después vino esa oscura noche de la
“pandemia”, única vez en la historia que se encerró en cuarentena a
millones de personas sanas en lo que fue un gigantesco ensayo de control
de la población del mundo a través de la OMS. Casi paralelamente en
2019 se inició formalmente el cumplimiento de la agenda 2030 ONU, en
Chile, obviamente sin nunca preguntarle y menos informar a nadie. Todo
el proceso político chileno deriva de esa agenda y sus conceptos. Luego
comienza en marcado y sostenido empobrecimiento de la población mundial,
inflación, carestía, desempleo masivo, y la “guerra de Ucrania”. Ahora
estalla un conflicto con Israel que, aunque atacado por terroristas
islámicos fanáticos, es en realidad un conflicto se sabe con Irán. Solo
falta estalle la guerra inminente entre China y Taiwán. Los tres
conflictos señalados en Apocalipsis o Libro de la Revelación, Israel,
Gog (Rusia), y Magog (China). Y no tomo partido por otros países, sino
por Chile, debemos proteger y salvar Chile.

Si
el concepto bélico de la gran guerra anterior era arrasar, hoy es lo
contrario, conservar lo que se va a apropiar y controlar. Pero la
economía ya está y seguirá muy afectada, se cortarán cadenas de
suministros a nivel mundial, habrá mucho mayores cambios de la
población. Pestes, hambre ¿Y qué hacen países como el nuestro para
sobrevivir y proteger a nuestra población? Hasta aquí, absolutamente
nada, es más, ni siquiera tenemos la capacidad para ello. Cerrar y
controlar nuestras fronteras sería un primer paso elemental, pero la
carencia absoluta de liderazgos efectivos impide salir de esta
postración. La conducción de un país en una guerra, debe por lógica
estar en manos de…guerreros. El actual gobierno ya casi toda nuestra
clase política carece absolutamente de las condiciones y capacidades
para enfrentar esta crisis, por lo que resulta de urgencia cambiar la
conducción del país, el costo de no hacerlo puede ser definitivo, miles
de pueblos y países han desaparecido en la historia humana, y ya muchos
nos consideran no país, sino “territorio” meramente. Chile no aguantará
así dos años más, no podrá excepcionarse de este conflicto, deberá tomar
posiciones y que sean correctas, lo primero, salvar nuestra nación,
territorio e identidad. Pero ahí están nuestros políticos, entre viajes a
China en un avión rasca, y redactando una nueva constitución,
dilapidando dinero y todo. Nada, absolutamente nada volverá a ser como
antes del inicio de esta guerra mundial, y pocos parecemos entenderlo.
El país no podrá sobrevivir, y menos si entra en batallas, con incapaces
que poseen… el vuelo del gus
ano.

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