La
tumba del Soldado Desconocido que está a los pies del monumento en la
Plaza Baquedano en Santiago, simboliza el espíritu de cada uno de los
ciudadanos de nuestro país, que murieron en la Guerra del Pacífico y en
todos los otros conflictos bélicos en los que nos hemos visto
enfrentados. Dicho espíritu patriota, además, es el que simbólicamente
une a todos los chilenos que amamos esta bendita tierra. El trasladar
los restos del Soldado Desconocido al Mausoleo del Ejército de Chile en
el Cementerio General, al menos refleja una medida para evitar que sigan
dañando el significado simbólico y patriótico de aquel monolito.
Existen dos tipos de responsabilidades para comprender los motivos por
los que se sacaron los restos del Soldado Desconocido, al igual que se
hizo hace unos meses con la estatua del general Manuel Baquedano. Las
causas inmediatas, son la incapacidad de un gobierno de establecer el
orden público y hacer respetar los monumentos nacionales, ya que, desde
el inicio del mal llamado estallido social, no tan solo el monumento a
Baquedano, sino que gran parte del patrimonio en todo Chile fue dañado o
destruido por grupos de verdaderos delincuentes. En segundo término, y
quizás la causa real y más preocupante, es la fundamentación basada en
el deconstruccionismo que se ha instalado en una parte de nuestra
sociedad y que hoy podríamos decir que tiene a nuestro país con una
división muy profunda. La idea de deconstrucción atañe a un concepto
filosófico que critica y analiza las palabras, pero existe una corriente
de extrema izquierda que ha monopolizado globalmente el
deconstruccionismo, adaptándolo a una nueva ideología nacida en el Siglo
XX: el neomarxismo. Una de las principales formas de hacer penetrar
estas doctrinas “renovadoras”, es mediante la filosofía, literatura y
obviamente con la modificación de la historia. La extrema izquierda
utiliza mucho el relato, en desmedro del dato, complementario a sus
frases, o consignas, que resumen todo su actuar. Por ejemplo,
“Refundemos Chile”. Menciono esto, a propósito de una columna que
publicó Cristián Warnken, en relación con la responsabilidad de los
intelectuales, inclúyase académicos, profesores, políticos y los
infaltables comunicadores sociales o incluso rostros de la televisión.
Cada uno de ellos, mediante sus diversas plataformas, exponen sus nobles
ideales de igualdad y justicia social, fomentando el resentimiento y
odiosidad de la lucha de clases, cuando precisamente ellos pertenecen al
porcentaje que disfruta los beneficios de un poder adquisitivo superior
y las propias bondades del tan degradado capitalismo. Desde el momento
en que los políticos comenzaron a ser panelistas de los matinales de la
televisión abierta, nos dimos cuenta de que nuestra brújula como
sociedad chilena estaba un poco perdida. No contento con ello, los
mismos medios de comunicación nos hicieron aceptar como normales
situaciones que no lo eran, defendiendo a delincuentes que
desestabilizan el orden público, quemando y destrozando cuanto podían,
violando el derecho de la propiedad o el derecho a la libre circulación
de ciudadanos, vulnerando así la vida de miles de personas con una total
impunidad política, ética y moral. Si a esto le sumamos el silencio
cómplice de quienes pensaban diferente, por un mezquino cálculo político
o la impopularidad que podría traer el pensamiento políticamente
incorrecto, el libertinaje e incumplimiento del Estado de Derecho se
hizo una constante. Chile se cansó, hoy se hace notar y la gente
verdaderamente se atreve. Se atreve a levantar su voz contra la
delincuencia, en contra de esa clase política y de esos “comunicadores”
sociales que haciéndose los “del pueblo”, no saben lo que es tratar de
llegar a fin de mes. Hagan un simple ejercicio y hoy busquen a un montón
de políticos que eran habituales panelistas de televisión, o escuchen
la singular mesura de los medios de comunicación social para informar
hechos de violencia o nuevas manifestaciones. Hace un año decían “Plaza
Dignidad”, hoy extrañamente vuelven a nombrarla como “Plaza Baquedano”,
lugar donde todos los viernes es tierra de nadie y donde deberían estar
todavía la estatua del General Manuel Baquedano y los restos de nuestro
Soldado Desconocido, al cual le debemos más que una disculpa como
sociedad chilena.