La última tentación de Cristo contraataca

En
semana santa estamos acostumbrados a visualizar año tras año diversas
películas de corte religioso, más aún, los intentos por explorar la
dimensión humana del rey de los judíos parece estar muy latente a la
hora de analizar sus deseos, pasión y supuesta lujuria. Sin duda, un
esfuerzo por reconstruir ese lado “b” del Mesías, del Rey de los judíos,
de Jesús de Nazareth. De ahí que mi columna de la semana se titule; “La
última tentación de Cristo contraataca”.

Primero,
los medios de comunicación en cualquiera sea la plataforma que
inscriban su contenido, siempre intentarán persuadir, convencer e
impactar a la audiencia. Así es como el cine, también intenta
desarrollar un mensaje, una verdad o supuesta verdad. No debemos de
olvidar que cuando se habla del nacimiento de este último se toma como
referencia la fecha 28 de diciembre de 1895, en la que se proyectaron al
público las primeras películas realizadas por los hermanos Auguste y
Louis Lumiére, en la memorable sesión realizada en el Salón Indio del
Gran Café de París. Ahora bien, lo cierto es que, si hablamos de
religión, espiritualidad, fe y dogma, el llamado filme “La última
tentación de Cristo” se lleva indudablemente toda la tensión, por
consecuencia, repercute en la forma de como percibimos al Jesús del
cristianismo primitivo. Pero ¿Quién es el creador de esta controversial
película? ¿Aporta a la discusión religiosa del siglo XXI? ¿Qué tanta
veracidad podemos obtener de ella y que tanta hipérbole se hospeda en su
imaginario cinematográfico? Estas son solo algunas de las tantas
preguntas que surgen frente a una cinta que alberga controversias,
aplausos y profundas relecturas desde el mundo teológico liberal.

Segundo,
recordemos que el filme basado en el libro de Nikos Kazantzakis y
protagonizado por Willem Dafoe generó que la Corte Interamericana de
Derechos Humanos demandara al Estado chileno. Fue hace 35 años
aproximadamente que se proyectó por primera vez “La última tentación de
Cristo”, la obra más controversial del director Martin Scorsese que fue
acusada de blasfemia y que incluso fue censurada en Chile durante el
régimen militar. La acusación tenía que ver con la libertad de
conciencia, religión y libertad de pensamiento y expresión, por lo que
se solicitó la modificación del precepto jurídico interno de nuestro
país para suprimir la censura cinematográfica, por ende, ahora tenemos
una discusión legal, social, política y ya no meramente religiosa. El
diario The Clinic recuerda parte de este episodio con lo siguiente: “La
cinta estrenada en 1988 generó polémica en la comunidad católica debido a
que estaba basada en el libro del escritor Nikos Kazantzakis, el cual
muestra a Jesús de Nazaret de una forma completamente alejada a lo que
dice la Biblia, con emociones como la culpa, el miedo e incluso la
lujuria”. Tal vez, estamos en presencia de una disputa por validar a ese
Jesús de la Biblia, por relegar su santidad, incluso, por concluir que
fue un hombre, un simple hombre con deseos hacia una mujer, con miedos y
culpabilidad sistemática, esa que forma parte del amigo inseparable del
cristianismo occidental.

Me
parece que el liberalismo teológico ha causado grandes estragos dada su
hermenéutica (interpretación), no obstante, invita a repensar la fe,
razonar las creencias y mantenerse en constante contemplación
espiritual, esa que divisa a Jesús de Nazareth como símbolo de legado,
cultura y fe, algo que va mucho más allá de un dogma yuxtapuesto al
cristianismo occidental, claro, algo que provoca indudablemente
urticaria a los niñitos reformados, pero es la verdad, la semana santa
versa sobre la base de un hito histórico, no epistemológico; de esta
forma, la fe, esperanza y reflexión son garantes de la resurrección
hecha carne en el siglo XXI. Por último, pensar que el filme “La última
tentación de Cristo” resulta una verdad absoluta e irrefutable,
claramente es un intento por mutilar el verdadero sentir de esta fecha.
No olvidemos que el cine y medios de comunicación siempre podrán pensar,
decir y vociferar pseudoverdades del fenómeno religioso, sin embargo,
son eso, vociferaciones que poco y nada contribuyen al debate
académicamente serio. La resurrección es síntoma de reconciliación, de
reconocimiento a ese hombre divino que un día marcó la historia más allá
de una religión, marcó el corazón de esos discípulos que se mantuvieron
mirándolo y aprendiendo del sufrimiento y perdón divino.

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