La urgencia de atender la salud mental de los jóvenes

La
Décima Encuesta Nacional de Juventudes ha dejado en evidencia las
problemáticas asociadas a salud mental que las y los jóvenes de nuestro
país enfrentan, por lo que es urgente hacernos cargo, desde la
institucionalidad pública, del bienestar y autocuidado de este
importante grupo etario.

Según
estos datos, un cuarto de la población joven posee sintomatología
depresiva y ansiosa, moderada o severa, siendo mayor en mujeres, en
adolescentes, como en jóvenes de zonas urbanas.

Por
su parte, un 11,9% de las personas jóvenes encuestadas indica recibir
tratamiento psicológico o farmacológico por problemas de salud mental.
Aún más alarmante resulta observar que un 22,4% de los y las jóvenes
encuestados declara “haber sentido que sería mejor estar muerto (a) o ha
pensado en hacerse daño de alguna manera”.

La
OMS define la salud mental como “un estado de bienestar en el cual el
individuo se da cuenta de sus propias aptitudes puede afrontar las
presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y
fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Que
las y los jóvenes sean conscientes y protagonistas de su autocuidado y
bienestar es algo que deberemos promover y valorar. La salud mental de
los y las jóvenes en un mundo en transición, señala que uno de los
aspectos clave de la etapa juvenil y de los primeros años de la edad
adulta es la sucesión de cambios que se experimentan en este breve
período de tiempo, tales como traslados de vivienda o escuela, la
entrada en la universidad o en el mercado laboral, cambios en las
relaciones sociales y familiares. Todos estos cambios pueden afectar la
salud mental en la medida que se ven expuestos a esta multiplicidad de
factores que pueden resultar ser factores estresores.

La
mayoría de los trastornos mentales inician en la etapa de la
adolescencia, sin embargo, en la mayoría de los casos no se detectan ni
se tratan y las consecuencias de no abordarlos en esa etapa hace que se
extiendan a la edad adulta. Es por ello que se vuelve una necesidad y
una prioridad reconocer, en primera instancia, que existe un problema
que se relaciona con la salud mental y las juventudes, para que podamos
efectivamente trabajar en políticas públicas que la promuevan y actuar
preventivamente o al menos, tratarlos precozmente para disminuir su
repercusión en la vida de las personas.

Igualmente,
desde el mundo adulto debemos aprender a ser más empáticos, a entender
las necesidades de las y los jóvenes, a darle la importancia que merece y
a estar atentos/as a las señales y alertas que se pueden generar.

También
es importante difundir y promover en la comunidad joven y quienes
trabajan y se relacionan directamente con ellos y ellas herramientas
como el que ofrece el programa “Hablemos de Todo” del Injuv, que es
confidencial y gratuito, atendido por profesionales de la salud mental
(hablemosdetodo.injuv.gob.cl); así como también la línea de prevención
del suicidio del Ministerio de Salud (*4141), entre otros, porque cuando
se trata de salud mental, todas las acciones y herramientas que podamos
poner a disposición de las juventudes suman y pueden hacer la
diferencia.

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