Un
dicho popular que viene muy bien en estos días en que la angustia
económica se conjuga con las necesidades más urgentes de nuestra
población y que han explosionado de manera catastrófica en nuestra
sociedad como una réplica de un terremoto mundial que está afectando a
todas las naciones del orbe.
La
verdad es que este no es un problema solo de Chile, sino de todos, y
aunque estemos en el fin del mundo las olas de la afectación también
llegarán a nuestras costas y a nuestras casas. Nos
asustamos con mucha facilidad porque nos habíamos acostumbrado a un
equilibrio moderado de muchos años: remuneraciones poco incrementadas,
precios equilibrados, inflación controlada, dólar en buen pie, etc. Todo
lo que los economistas disfrutan de elogiar cuando las cosas están
bien. Pero la Tierra se afiebró y eso es algo que algunos quieren evitar
que la gente se dé cuenta y, para fines políticos interesados, los
centran en nuestro largo territorio. Ucrania por la agresión rusa ha
dado su impacto de la misma manera como lo fue en la época de la
instauración del nacismo u otros conflictos mundiales.
La
verdad es que el tema migratorio no es solo de nuestro país, aunque
también algunos lo quieran cerrar en nuestras fronteras para golpear a
sus autoridades. La socialización del problema migratorio es algo
urgente en nuestra sociedad, porque no solo es la gente necesitada de
auxilio que llega a Chile, sino los que se reparten por el mundo y que
vemos en las noticias con cierta pasividad: así fue en la crisis siria,
en Afganistán, ahora en Ucrania, pero antes era notorio el caso de los
africanos en balsas atiborradas que perecen en el Mediterráneo, o los
kilómetros de personas buscando llegar a EE.UU. Como en todo grupo hay
también manzanas podridas, como los “lanzas internacionales” chilenos
haciendo de las suyas en Europa, afectando a los nacionales que quieren
sembrar sus vidas por allá. Vemos lo que nos conviene o lo que los
medios nos quieren mostrar para que vayamos teniendo opinión y generando
un clima de discriminación.
La
verdad es que la delincuencia está ganando una batalla gracias a las
bondades de nuestro sistema judicial garantista y nadie hace nada porque
nos fueron diciendo de manera permanente: no oponga resistencia; deje
que se lleven sus cosas, sus autos, sus joyas y hasta su vida; no haga
caso a la autoridad; siempre habrá una manera de eludir las reglas. Y
esto se reforzó en los últimos años con una estrategia de impunidad
donde los carteles del narcotráfico se tomaron una población, luego otra
y por fin a gran parte de la comunidad. Ellos saben muy bien cómo
entretener a la policía mientras desarrollan de manera oculta sus
actividades.
La
verdad es que estos tres temas son el caldo de cultivo que utiliza de
manera indigna el sector que siempre ha estado propiciando el Rechazo de
la nueva Constitución y al que muchos adhieren por ignorancia o porque
se muestran de una sola línea que, habiendo manifestado sus posturas en
sus entornos, ahora, a pesar de que se les muestre y explique en
colores, con gráficos y hasta con manzanitas, se sienten con la tozudez
de mantener esa posición. Es como que les da status. Muchos votaron
Apruebo y hoy porque les han vendido una mentira (a la cual no son
capaces de reaccionar y estudiar) prefieren quedarse con el título y no
ver la materia. Así las universidades han generado numerosos porros que
hoy están en el ambiente, ocupando puestos y dando cátedras y los oímos
en distintos círculos procurando convencer.
La
verdad de la milanesa es que han creído que son capaces de confundir al
electorado, pero olvidan que fueron millones los que pidieron un cambio
constitucional redactado por personas ajenas a los partidos políticos.
Hoy quieren comisiones propuestas por cada partido: insólito.
Los
cambios son inevitables y las falacias del Rechazo para reformar
quedarán allí, en una frase que no tendrá valor. Si gana el Apruebo
habrá interés de corregir, adecuar o modificar, pero ellos volverán a
estar con la figura del Rechazo, porque no querrán corregir matices,
sino hacer cambios profundos en todo lo que atente contra sus privilegios.