El mal, término que
desde siempre ha identificado lo negativo, lo mentiroso, lo abyecto, y
todas las anteriores, hace ya tiempo que ha mostrado su cara en el mundo
de millones de personas y, en más de un caso, hasta ha recibido
aplausos.
No
es ingenuidad de los chilenos, es la astucia de ese personaje y sus
secuaces, quienes hacen posible esa confusión porque, como afirma la
sabiduría popular, “a río revuelto, ganancia de pescadores”.
En
nuestra querida ciudad, en nuestra amada tierra austral, en la Patria
entera, el mal se ha ido haciendo presente, acentuando su negativismo.
No
quiero ser agorero, pero al escuchar a un parlamentario oficialista,
como a varios otros personeros, denostar incluso al gobierno del que
afirman ser parte, me confirma esa percepción.
Punta
Arenas ha recibido, en este último tiempo, a una cantidad importante de
“gente mala”, cuyo accionar delictivo eclipsa el esfuerzo de todos
quienes respetan la ley, tienen sus papeles al día, en el caso de
quienes emigraron hasta aquí para asegurar el sustento honrado para
ellos y sus familias e inquietan a todos los habitantes de los barrios
locales.
Empezamos a hablar de crisis de seguridad, la aparición de armas de fuego, del narcotráfico, de la violencia y el mal sonríe, como sólo sabe hacerlo él.
El
mal tiene cara de cesantía que aumenta cada mes; de miles de personas
en la actividad informal, sin previsión, de una inflación que supera los
límites del oficialismo, tiene cara de insulto y denuestos contra
nuestras autoridades, con las cuales podemos o no estar de acuerdo en su
gestión (yo soy un opositor y mis razones tengo), pero los términos
empleados por el putrefacto dictador venezolano son criticables y
repudiables.
El
mal transita por nuestras calles, avenidas y carreteras, en campos y
ciudades, se disfraza de sicario, de asesino de Carabineros y
detectives, y mata y se disfraza con palabrería hueca y frases
mentirosas por asesinatos múltiples, incluso de niños lo que no es “un
ajuste de cuentas”: es un crimen más, tanto o más mortal que la droga
sintética o no; tan deleznable como el tráfico de influencias, la
corrupción o robar dinero destinado a mejorar las condiciones de vida de
los más pobres mediante el sistema de “fundaciones”.
Y
podría seguir, pero prefiero hincar mi rodilla en tierra, mirar al
cielo o hacia Tierra del Fuego y orar, con Fe y con Fuerza, repitiendo
las palabras de Fernando Ferrer, qepd.) “Dios te salve Magallanes” y a
Chile también…y sé que esta plegaria será escuchada por el Dios en el yo
creo, y por Jehová, por Alá, por el Supremo Arquitecto y por miles y
miles de personas que, como yo, luchamos contra el Mal…y defendemos
valores y principios universales como Dios, Patria, Familia, Libertad…