En agosto próximo se cumplen 26 años del “terremoto blanco”, aquel fenómeno climático que provocó una de las mayores catástrofes en la Región de Magallanes. En esa ocasión todas
las actividades de Puerto Natales fueron afectadas por las peores
condiciones climáticas en más de medio siglo. Última Esperanza quedó
aislada por cortes de ruta en varios puntos debido a los voladeros de
nieve, mientras en Punta Arenas cuadrillas
municipales removieron toneladas de escarcha y en provincias argentinas
vecinas se decretó estado de alerta. Fue catastrófico, fue algo que
afectó a todos los habitantes de una u otra manera. El forraje
almacenado para situaciones de malas condiciones meteorológicas comenzó a
escasear rápidamente y las ovejas y vacunos fueron atrapados bajo
metros de nieve. Se estima que en la Región de Magallanes murió en
promedio el 20% del ganado ovino, y en zonas de la isla grande de Tierra
del Fuego las pérdidas alcanzaron el 80%. Las pérdidas fueron
millonarias, incalculables, dicen algunos ganaderos al recordar el hecho. Además hubo
muchos damnificados y numerosas casas dañadas por el peso de la nieve
acumulada en sus techumbres. Ahora, la pregunta que deberá responder el
Gobierno es ¿estamos preparados en Magallanes para soportar nuevamente un fenómeno como este?
Hoy contamos con mayor tecnología y hay muchos fenómenos climáticos que
se pueden prever, pero nadie hasta hoy se atreve a adelantar algo. La
semana pasada gran parte de la zona sur de Chile sufrió con las lluvias y
en Magallanes aún no sabemos qué nos va a deparar un invierno que aún
no comienza.