La reciente agresión de la que fuera víctima el diputado y
candidato presidencial Felipe Kast -quien junto a su equipo fue
insultado y violentado por un grupo de jóvenes, me lleva a escribir del
estrés que está viviendo el ciudadano chileno y que no nos hace bien
como sociedad.
Acá en Magallanes también lo hemos vivido y
hasta nuestras autoridades han sido protagonistas de espectáculos no muy
acordes con su dignataria posición social. Bien recuerdo cuando un ex
alcalde irrumpió en una reunión del Consejo Regional e insultó con duros
términos al presidente del CORE. O incluso algunos parlamentarios
elegidos por los magallánicos que en el Congreso Nacional han sido
protagonistas de bochornosos incidentes.
Lo más preocupante es cuando los agresores son autoridades, porque se supone son quienes debieran dar un ejemplo.
Las
legítimas discrepancias de ninguna manera pueden manifestarse en forma
violenta, pero ello a veces no es bien entendido, y en eso debemos
cambiar.
En Chile hoy hay muchos grupos que piensan lo contrario, y
que se sienten con el derecho de agredir o “funar” a quienes identifican
como sus enemigos o como “agentes del sistema”. La cosa en redes
sociales se masifica rápidamente viralizándose y hostigando desde una
computadora sin tener la valentía de decir las cosas cara a cara. Más
aún cuando son personas conocidas y que se topan a diario.
La
lista de personajes que han sido agredidos no son sólo políticos o
autoridades -donde incluso se ha llegado al extremo de violentar a ex
presidentes de la República-, sino que también se ha extendido a quienes
aparecen involucrados en procesos penales de alta connotación pública.
Natalia
Compagnon, la nuera de la Presidenta Michelle Bachelet, independiente
de lo que haya realizado, también ha sido víctima y también el
empresario Andrónico Luksic, en las afueras de los tribunales de
justicia. Esto han sido atentados al estado de derecho y una violación a
garantías constitucionales.
Debemos entrar en un período de
reflexión y buscar las explicaciones del por qué de las causas que nos
están llevando a este clima agresivo y sus dañinos efectos para nuestra
convivencia democrática. Las causas detrás de la violencia pueden ser
muy variadas, pero debemos bajar la adrenalina, porque ya llega a ser
vergonzoso.
Hoy hay pequeños grupos que se arrogan el derecho
a determinar a su antojo lo bueno y lo malo, y a validar reacciones
violentas en contra de lo que no coincida con sus propias visiones.
Lo
ocurrido con el diputado Felipe Kast no puede volver a ocurrir.
Independiente de su pensamiento político, tenemos que ser capaces de
tolerar los diversos pensamientos que hay, porque todos son
absolutamente