Competencia es una palabra que a muchas personas les genera contrariedad o rechazo, porque la asocian con rivalidad, lucha o contienda. Sin embargo, existe otra acepción de competencias que está vinculada a las habilidades, destrezas o capacidades.
Existen las competencias técnicas o también llamadas duras, las cuales están vinculadas al quehacer laboral o profesional como por ejemplo: un profesor debe saber hacer clases, una secretaria debe saber contestar el teléfono y un psicólogo debe saber aplicar test psicológicos, etc.
Por otro lado, están las competencias conductuales, genéricas o blandas. Estas son lo mismo que las habilidades sociales, las que bajo la globalización alcanzaron un fuerte apogeo. Asimismo, en la actualidad este tipo de competencias son altamente valoradas en el ámbito laboral.
Durante los años 70` EEUU, estaba sumido en una fuerte crisis a nivel mundial. Al mismo tiempo, varios de los diplomáticos que tenían la misión de mejorar la imagen de Norteamérica a nivel internacional, no estaban dando los resultados que se esperaban. Por este motivo, el gobierno de EEUU llamó a un psicólogo que trabajaba en la Universidad de Harvard cuyo nombre era David Mac McClellan para que investigara lo siguiente: ¿Qué era lo que diferenciaba a los diplomáticos competentes de aquello que no lo eran? Como resultado de esta investigación McClellan define el termino competencia como: “aquello que causa un rendimiento superior en el trabajo”. Asimismo, este psicólogo descubrió que: ni las calificaciones escolares, ni los conocimientos académicos, ni el nivel intelectual predecían el buen desempeño en el trabajo. Lo que marcaba la diferencia entre ambos grupos, no eran conocimientos, ni se enseñaban en la escuela diplomática, tampoco se tenían en cuenta en las pruebas de selección. No obstante, eran la clave para desempeñar eficientemente el trabajo.
Lo que descubrió Mc Clelland fue que aquello que diferenciaba a las personas que hacían bien su trabajo o se desempeñan de manera exitosa, no eran sus conocimientos, era su forma de actuar, era su manera de comportarse. Igualmente descubrió que las competencias son características individuales que se pueden medir y que se pueden desarrollar.
Este descubrimiento causó un impacto social tan potente, a tal punto que hoy día la enseñanza de estas competencias son parte de la educación que se les proporciona a los niños y se les denominan “Habilidades para la Vida”. Igualmente las formas de adquirir y de desarrollar las competencias conductuales, genéricas o blandas, forman parte de la malla curricular de las mayoría de las carreras técnicas o universitarias.
Algunas competencias conductuales, genéricas, blandas o habilidades sociales son por ejemplo: la capacidad de trabajo en equipo, la asertividad, el liderazgo, la adaptabilidad a los cambios, la iniciativa, etc.
En los próximos comentarios se verán algunas de estas competencias, tanto en el aspecto conceptual o teórico como práctico, solo con el fin de colaborar a crear ambientes sociales más sanos y enriquecedores.