En
el último lustro (cinco años) se perdieron las confianzas, porque se
destapó una crisis política que llegó a afectar lo institucional en
octubre de 2019. Pero en solo 17 meses Gabriel Boric pasa del cielo a un
aterrizaje forzoso. Porque la derrota del oficialismo de ayer es una
pérdida grave de las confianzas que se habían depositado en diciembre de
2021 con el triunfo de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast. Las
esperanzas de que Boric lo iba a cambiar todo se cayeron a pedazos el 4
de septiembre del año pasado con el triunfo del Rechazo en el Plebiscito
de Salida. De ahí en adelante vino una escalada de errores del Gobierno
que no contribuyeron a que ayer el electorado se cuadrara con los
partidos del oficialismo que tras el Estallido Social
impulsaron este proceso constitucional y que no lo supieron administrar
por errores propios. La desconfianza ciudadana está agravada por la
crisis de seguridad y se incrementó tras los indultos del Mandatario de
enero y las muertes
de carabineros. El Gobierno no ha sido capaz de encaminar al país hacia
su propio programa, porque ha carecido de experiencia, empatía y ha
pecado de arrogancia y soberbia. Al Frente Amplio y al Partido Comunista
le hizo muy mal llegar a La Moneda de manera casi inesperada, porque no
estaban preparados y porque se encargaron de renegar de los 30 años de
la Concertación, faltando el respeto a sus propios padres políticos y
que finalmente tuvieron que incluirlos casi como una tabla de salvación
cuando el buque ya tenía un forado que lo hace hundirse cada día más.