Otra
señal de un Gobierno totalmente irresoluto dio ayer el mandato del
Presidente Sebastián Piñera al ceder completamente a las presiones de
Celestino Córdova -que se hicieron presentes con una huelga de hambre de
107 días-, que purga una pena de 17 años de cárcel por el asesinato del
matrimonio Luchsinger-Mackay. Nuevamente el mandato de Piñera dio a
entender que es un gobierno atemorizado frente al terrorismo y la
violencia, tal como ocurriera con el vandalismo desatado tras el 18 de
octubre y que dejó numerosos locales incendiados en pleno centro de
Punta Arenas. La resolución del Poder Ejecutivo pasa por encima del
Poder Judicial y cede ante una persona condenada a prisión por un
homicidio, entregándole todas las garantías posibles, dado que aún ni
siquiera ha sido capaz de pedir perdón a la familia y tampoco da
muestras de arrepentimiento, por los hechos ocurridos en La Araucanía
que han mantenido una violencia desatada
especialmente en la última década. Todos los gobiernos prometen “mano
dura” contra la violencia y el terrorismo, y nuevamente ceden ante la
presión de grupos que defienden a condenados por la Justicia , pero que
exigen cárcel para violadores a los que también se les condonan sus
penas. ¿En qué país estamos viviendo?
Ya lo hizo Michelle Bachelet y ahora lo repite Sebastián Piñera. En
ambos mandatos, la delincuencia, el terrorismo y el vandalismo han hecho
lo que quieren. Y nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes vivimos
atemorizados porque nuestras autoridades no son capaces de otorgarnos
seguridad ¿Cómo podemos pedir que las instituciones funcionen, si los mandatos presidenciales de éste país hace rato no funcionan?